Lunes, 16 de Octubre de 2017, 10:42 PM
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De mitos urbanos y declaraciones épicas

Si Emilio El Tigre Azcárraga viviera, habría despedido a su hijo de la empresa televisa tras las declaraciones que hizo a El Universal. El soldado del PRI y Príncipe Idiota, como lo llamaba a su padre, el fundador del imperio de medios, Emilio Azcárraga Vidaurreta, conforme a lo que relata Fabrizio Mejía Madrid en su libro Nación TV, seguramente estaría más que orgulloso de haber hecho que el principal foro del antiguo Canal de las Estrellas fuera la casa presidencial de Los Pinos.

Para Emilio Azcárraga Jean, el hecho documentado en diferentes investigaciones periodísticas, el decir que la presidencia, o al menos la campaña de Peña Nieto se fraguó desde las oficinas de directivos de televisa y funcionarios del gobierno del Estado de México, no es más que una ficción en la mente de los mexicanos. Para nadie es secreto que entre muchos de los favores que se hicieron la empresa televisiva y el entonces gobernador del Estado México figuran el apoyar la ridícula hipótesis en el caso del asesinato de la niña Paulette. El resolver de la manera más oscura posible la historia de las camionetas de Televisa con droga en Nicaragua. Los apoyos en tiempos aire de televisa a favor de Enrique Peña Nieto fueron descarados y sucedieron mucho antes de que iniciara la campaña electoral por la presidencia en 2012. Una vez ganada la presidencia la televisora se benefició a tal grado que hoy tiene una Procuradora General de la República, que sí nos preguntamos ¿Qué ha hecho en materia de justicia en el país? Sabemos muy bien la respuesta. Nada. En un país con un índice de criminalidad como el que tenemos. ¿Por qué la Procuradora mantiene un perfil tan bajo? El gobierno cuando anunció e implantó la reforma en materias de telecomunicaciones sólo ataco en su propaganda el asunto de la telefonía y a Carlos Slim de manera muy directa aunque disfrazada, pero nada dijo del duopolio y mucho menos de Televisa.

Habrá quienes crean que el licitar una tercera cadena nacional de televisión que no ha salido al aire y qué de acuerdo con el compromiso del dueño de la misma, Olegario Vázquez Aldir, lleva ocho meses de retraso en su salida al aire, mostró el compromiso del gobierno por abrir nuevos espacios para contenidos. La realidad no ha demostrado nada y estamos a tan solo dos años de que el sexenio termine y a menos de uno para que el presidente, conforme a la tradición sexenal deje de figurar en la escena política.

En fin, a pesar de toda la evidencia que señala el contubernio entre el gobierno federal y en específico la Presidencia de la República con Televisa, el dueño de la televisora tiene el cinismo de hablar de un mito urbano.  Si Televisa ha perdido millones de pesos en los últimos años no ha sido por culpa de su asociación con Peña Nieto, si no por los cambios en el mercado de la distribución de contenidos a nivel global, así como a los hábitos de consumo y nuevas demandas de contenidos de las audiencias, en especial de los jóvenes.

Cuando era joven que comenzó a importarse de el vocablo mito urbano, este se refería a fenómenos o leyendas que corrían entre los habitantes de la ciudad; la rata gigante de la Merced, Los pitufos sueltos por la ciudad o el culto satánico oculto en las etiquetas de la pasta de dientes Crest. Hoy los mitos de la aldea global nos hablan de Slenderman. Aún dentro de los más retorcidos esquemas no hay manera que una historia de corrupción y contubernio pueda ser un mito urbano.

Las declaraciones de Emilio Azcárraga Jean, son sólo un reflejo del cinismo de nuestros días al ser cuestionados por los medios. No sé quién, ni porque una declaración de esta naturaleza pueda ocupar la primera plana de un diario de circulación nacional, cuando sin duda hay mil noticias nacionales e internacionales de mayor importancia. Pero cuando en la tarde del mismo día la secretaria de desarrollo agrario, territorial y urbano expresa en la radio que los periódicos sólo sirven para matar moscas o limpiar vidrios, no está del todo errada. Lo malo es que lo diga alguien que nunca ha sabido llevar buenas relaciones públicas con la prensa desde sus días en el gobierno de la Ciudad de México.

La crisis está ahí en diarios que no tienen el valor de enfrentar las notas que realmente impactan en México y en nuestras vidas, cosas como la calificación a la baja con la que amenaza Standard and Poor’s debida a la nula implementación real de las reformas estructurales y a la deuda del gobierno que ha crecido de manera desmedida en el sexenio de Peña Nieto.

Esta claro que la secretaria Robles tiene un tacto de proctóloga y una tolerancia nula a la crítica, como lo demostró el día que irrumpió en las oficinas de Milenio en marzo de este año y de manera dictatorial exigió a Carlos Marín retirar un reportaje del aire, donde se hablaba de la Cruzada contra el hambre que la política lideró cuando fue titular de SEDESOL, pero en un sentido amplio de la palabra los periódicos nacionales cada día los lee menos gente y son tristemente un nulo referente de la situación actual del país, por no decir que en la mayoría de ellos la nota internacional ha pasado a un plano que parece únicamente sirve para llenar las páginas necesarias para cerrar la edición. Lo que habla muy mal de ellos, pues esto se refleja en sus versiones de Internet, lo que sin duda merma el número de lectores potenciales que el medio virtual les ofrece. Claro la desafortunada frase de Rosario Robles no tiene este poder de análisis, ni de síntesis y desgraciadamente muestra el desdén de muchos funcionarios, no por los periódicos o los periodistas, si no por los mexicanos.

Así, tristemente entre mitos urbanos y declaraciones que muestran la falta de compromiso con la ciudadanía, perdemos los días sin voltear a ver lo que realmente importa; que el gobierno de Peña Nieto se va a pique, en materia de economía, de seguridad, con escándalos de corrupción que se castigan con palabras, pero no con la ley. Y vuelvo a preguntar ¿cómo quieren que los mexicanos estemos tranquilos así?

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo.

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