Lunes, 12 de Noviembre de 2018, 01:59 PM
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El discurso del odio.

LA TERTULIA

por Armando Enríquez

En días recientes si algo ha quedado claro en nuestro vecino del norte es que el discurso de odio promovido desde la oficina oval de la Casa Blanca empieza a llegar a los lugares que Donald Trump tiene planeado desde su ascenso a la presidencia.

Las bombas descubiertas en los mails de algunos de los opositores del presidente de Estados Unidos y el ataque a una sinagoga en Pittsburgh son clara muestra del extremismo de supremacistas blancos que hoy tienen a su máximo líder en la Presidencia de Estados Unidos y los líderes más visibles del Partido Republicano de Estados Unidos que son incapaces de manifestarse al respecto porque en el fondo así como condenan al terrorismo surgido en diferentes partes del mundo están de acuerdo con estos actos de terrorismo domésticos.

El discurso del odio que ha ido creciendo y estableciéndose en el DNA del Partido Republicano y de la más conservadora parte de la sociedad norteamericana, llena de blancos anglosajones y protestantes puritanos que desde 1620 se autonombran dueños de una tierra que han arrebatado a sus verdaderos dueños para cometer a lo largo de casi cuatrocientos años algunas de las peores atrocidades racistas de las que haya escuchado la humanidad.

Los blancos norteamericanos se sienten amenazados por los migrantes y las siguientes generaciones; negros, mexicanos, hindúes, chinos, nacidos en ese país y que tiene una mejor preparación y comienzan a juntos ser la mayoría de la población de aquel país que alguna vez se enorgullecía de ser una cazuela donde se mezclaban todas las razas, ideologías y religiones y que hoy es una de las naciones más divididas por cuestiones raciales. Tristemente este racismo se agudiza cuando el mayor racista de Estados Unidos es su presidente.

Pero el discurso del odio se da también en Europa, África y Asia. Los israelíes son tan racistas y asesinos con los palestinos como los Nazis lo fueron con ellos. Una política de odio que surge desde la cabeza del estado israelí. No olvidemos que la matanza en Rwanda fue una cuestión de odio racial.

Neonazis alemanes, parientes cercanos de los supremacistas blancos que pululan por Estados Unidos. Los suecos, polacos, austríacos, serbios, griegos, italianos, chinos, casi todos los países europeos tienen grupos racistas, pero no todos han hecho del discurso del odio una política de Estado.

Todos estos discursos se basan en la idea de yo estoy bien, soy mejor y más que los demás, cuando esto llega a los mandatarios de los países entonces se convierten en dictaduras; sinónimo en mayor o menor grado de intolerancia, genocidio, autoritarismo y la esquizofrenia servilista de quienes rodean al jefe de estado y actúan también en nombre de su beneficio propio. “Tanto peca el mata la vaca como le que le coge la pata”, diría mi abuela. Incluso Donald Trump sería feliz si el pudiera ejercer una dictadura en Estados Unidos y así lo ha expresado.

El triunfo de Bolsonaro en Brasil significa el triunfo de ese mismo discurso ahora en el sur del continente y seguramente veremos enfrentadas en América la misma forma de discurso en las tres personas que dirigen tres de los países más importantes del continente.

En México estamos a punto de entrar en esta misma forma de pensar, espero equivocarme, pues en los meses que han seguido al triunfo de Andrés Manuel López Obrador, el Presidente Electo ha demostrado que voz que se opone a él sin importar si es critica o insulto se rasa con la mima tabla y todos somos conservadores, neoconservadores, fifís, miembros de los enemigos del pueblo. Su discurso que lejos de ser el de un presidente es el del mismo bravucón de pueblo que ha sido desde la primera vez que perdió la presidencia, alienta a los radicales de todos los colores a enfrentarse en redes sociales o en vivo, el mejor de estos enfrentamientos se dio entre dos finas personas que en redes sociales no sólo se insultaron y recordaron a sus progenitoras si no que se citaron fuera de estación del metro a cierta a hora para partirse la cara. Lo que siempre me he preguntado es ¿sí lo hicieron? y sí llegaron a la cita ¿Cómo se reconocieron si las dos cuentas eran anónimas y sin fotos de perfil?

La reacciones claras de odio de los seguidores de López Obrador, por ejemplo, en el reciente caso de triunfo del aeropuerto de Santa Lucía, tienen origen únicamente en el discurso de odio de un hombre muy pequeño que no entiende la importancia del cargo al que 53 millones de mexicanos lo eligieron, para gobernar y dar la grandeza a México que durante muchas décadas se le ha negado.

Lo importante es que nos preguntemos ¿Qué pretende el Trump de este lado del Bravo con invitar a los mexicanos, los ciudadanos a los que se supone debe gobernar, a odiarnos unos a otros?

Armando Enríquez Vazquez

@cernicalo

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