Lunes, 12 de Noviembre de 2018, 02:57 PM
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El pútrido aroma de la prepotencia

LA TERTULIA

Por Armando Enríquez

Culpar de todo lo que pasa con el zoológico en el que se convirtió Morena a López Obrador me parece injusto, aunque como en el caso de Peña Nieto quien nos mostró en seis años que todo el nuevo PRI era mucho peor que el más antiguo y autoritario PRI, alguna responsabilidad tiene. Lo que nos ha demostrado López Obrador hasta ahora es que el filtro del partido que fundó y dirigió por tantos años en realidad no era ni muy fino, ni tenía intención de depurar nada en lo absoluto. El objetivo era ganar a como diera lugar.

López Obrador no tiene la culpa de que sus diputados chapulines sean unos déspotas, prepotentes cómo el señor Cipriano Charrez, triste representante del Estado de Hidalgo en la cámara de diputados, que saltó del PAN a Morena para seguir actuando con impunidad y en la opacidad.

Tendré que aceptar que hasta Muñoz Ledo suena coherente y congruente cuando le pide a este individuo que arregle sus problemas antes de regresar a la cámara y esto es muy importante después de saber que la familia del joven que murió en el accidente presuntamente provocado por el diputado se ha desistido de seguir colaborando con las autoridades, lo que después de todas las series y películas gringas, me hace sospechar que algo no está bien.

El mismo hermano del diputado y presidente municipal de Ixmiquilpan Pascual Charrez ha dicho que el diputado federal es una vergüenza para su familia y no piensa defenderlo. Pero Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena y el grueso de los diputados han sido incapaces de condenar directamente al legislador y sólo hablan en los mismos términos ambiguos con los que el PRI en su momento defendió a personajes igual de oscuros como Antonio Tarek miembro del Clan Javidú y quien como diputado se escondió tras el fuero y la mayoría formada por diputados del PRI.

Eso no es culpa de Andrés Manuel, como en su momento tampoco fue su culpa las fotos que existen de él con los Abarca, al calor de los doce años de campaña, de la ambición por ganar y de hacerlo con el carro completo con un partido que en su momento carecía de presencia nacional, el Presidente Electo se retrató con quien se puso a su lado sin importarle quien era, al menos eso quiero pensar de manera por demás inocente. Los cuadros de Morena, como en su momento sucedió con el PRD y hasta con el PAN, se llenaron de oportunistas, malandrines y maleantes.

Ni que decir del pobre hombre que, sentado en su curul con lagañas todavía, intenta justificar el que se haya dormido, culpando a la “marea alcalina” de su irresponsabilidad frente a los mexicanos. Y aunque la “marea alcalina” sea un fenómeno cierto, el diputado es responsable de que esto no afecte su trabajo, comiendo menos, o en el peor de los casos durmiendo la en las oficinas de Morena donde nadie lo vea o lo grabe para no hacer quedar mal a su partido, antes de ingresar al congreso.

Hace unos días López Obrador de manera correcta e interesante mientras morenistas lo increpaban sobre un asunto en San Luis Potosí o como había sucedido unos días antes en Cuernavaca donde los morenistas abucheaban a Cuauhtémoc Blanco y sacaron de quicio al Presidente Electo, se deslindó del partido y se dijo presidente de todos los mexicanos, por lo que en las situaciones referentes a funcionarios “basura” de Morena, tendrá que ser Yeidckol la que hable y se tenga que fajar, al menos en papel, esa fue la voz de Andrés Manuel.

Pero de lo que sí podemos responsabilizar directamente al Presidente Electo es de la clase de funcionarios que ha nombrado para el futuro gabinete, sobre todo de aquellos que muestran sin darse cuenta el tipo de individuos mezquinos, prepotentes que son. Da mucha rabia cuando un octogenario que ocupará el cargo de Secretario de Comunicaciones y Transportes como Javier Jiménez Espriú amenaza a futuro a la representante legal de una mina porque le pide que abandone propiedad privada y da más coraje cuando la mujer que lo acompaña y que será la próxima Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Josefa Gonzáles Blanco Ortiz Mena secunda al viejito y amenaza a la representante legal por doble cuenta también a futuro.

Es patético ver Jiménez Espriú apuntar como policía de guardia en un museo o a la entrada del metro con su pluma los datos que le da la mujer. Es preocupante que un hombre elegido por el próximo presidente de México para ser parte de la punta de lanza de la Cuarta Transformación se comporte de la misma manera que lo haría cualquier miembro de la llamada Mafia del Poder con la que su Jefe Andrés Manuel López Obrador quiere acabar. Claro que también es el momento perfecto para que el Presidente Electo nombre a otro Secretario de Comunicaciones y Transportes que no haga ver a la Transformación que anhela López Obrador como una de cuarta y de paso darle una recomendación a su Secretaria de Medio Ambiente.

A diferencia de la boda a la que asistió porque lo invitaron, en esta ocasión el Presidente Electo, sí tiene una responsabilidad directa sobre las personas que actúan como si jamás lo hubieran escuchado y parecen no tener idea de lo que López Obrador quiere demostrar en materia de un gobierno honesto y recto.

En teoría López Obrador no iba a tolerar a otro funcionario mediocre y prepotente, no admitiría funcionarios incapaces de razonar como servidores públicos, que es a final de cuentas lo que son. Habrá que estar muy pendientes de este señor Jiménez Espriú y de sus nexos con las constructoras del próximo sexenio. Pero antes de llegar a esto debemos esperar que el Presidente Electo seleccione un mejor hombre para la SCT, que esté a la altura de esa cosa llamada Cuarta Transformación o entonces lo que comprobaremos, como tememos muchos, es que esa transformación solo fue un cambio de capo de la mafia del poder.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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