Lunes, 15 de Octubre de 2018, 11:42 AM
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El sueldo del Presidente, el sueldo de los mexicanos.

La Tertulia

Por Armando Enríquez

Una de las promesas del Presidente Electo y que va en marcha a pesar de algunas voces de protesta, es la reducción de salarios de empleados federales de los niveles altos, incluido el presidente y que a pesar de querer involucrar a los miembros del poder judicial esto no va a ser posible y ya veremos que sucede con muchos miembros del poder legislativo.

Importante esta iniciativa, lo cierto es que está muy lejos de enfrentar de manera directa el problema y la afrenta real de millones de mexicanos. A la mayoría de los mexicanos que el Presidente Electo, los miembros de su gabinete y los altos mandos de las secretarias vayan, por orden del futuro Ejecutivo, a reducir sus ingresos nos es irrelevante.

El verdadero problema es que durante más de cincuenta años la mayoría de los mexicanos hemos visto reducirse el poder adquisitivo de nuestro salario, bajo la mirada aprobatoria de los Poderes de la Unión en contubernio con los organismos empresariales.

Si el Presidente Electo piensa que el crear un tope salarial en la burocracia mexicana es un deber que ayudará a la transparencia y el bienestar del país esta bien. Yo creo que sucederá exactamente todo lo contrario; promoverá la salida de los mejores del gobierno, causando que mediocres y oscuros burócratas a ocupen puestos que les darán el poder para en una mayor corrupción. Pero, además, esa propuesta y esa discusión nada, absolutamente nada, tienen que ver con un poder adquisitivo que comience a cerrar las brechas entre los mexicanos en pobreza y las clases medias.

A un mayor poder adquisitivo, más posibilidades de desarrollo, menos hambre. La creación y empoderamiento de una clase media activa, proactiva, competitiva, creativa y propositiva sin duda impactará en un crecimiento mejor de México. A diferencia de la tendencia mundial de la reducción de horas de trabajo en busca de ciudadanos más felices, López Obrador propone el regreso a la jornada laboral de seis días, algo que muchas empresas, por ejemplo, en el ramo de los medios de comunicación tienen establecido bajo la mirada cómplice de la Secretaría del Trabajo que nada o poco ha hecho por los trabajadores de México, pero además sin compensar salarios por esas horas. En ese sentido pareciera que la idea de López Obrador es oficializar la explotación y por extensión la pobreza entre los mexicanos.

El PAN desde el cinismo de quien no supo gobernar y atacar estos temas en tiempos de Fox y Calderón, hoy insiste que desde su mini bancada legislativa promoverá lo que no se atrevió siendo gobierno; la desaparición de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y el apoyo a un aumento sustantivo del salario mínimo.

El Presidente Electo y los secretarios, desde mi punto de vista podrían ganar el triple de lo que propone Andrés Manuel y nadie pondría el grito en cielo, siempre y cuando el resto de los mexicanos viera sus ingresos aumentados y el gobierno sirviera como freno en los intereses mezquinos de empresarios y comerciantes, impidiendo las inflaciones que de manera mañosa y arbitraria imponen estos particulares tras cualquier alza por mínima que sea, anulando cualquier intento por revaluar el poder adquisitivo.

El bienestar y la igualdad tan cacareada por López Obrador debe pasar forzosamente por un mejor sueldo, un mayor poder adquisitivo para todos los mexicanos, de otra manera la llamada Cuarta Transformación será únicamente pan con lo mismo. La política de los partidos como PRI, PAN y PRD, crear bases, tribus o como vayan a llamarles los morenistas, basadas en el hambre y las necesidades más básicas de los grupos marginales que forman un enorme porcentaje de la población de mexicanos con el sólo propósito de asegurarse votantes y perpetuarse en el poder.

El gobierno debe, en ese sentido López Obrador tiene la razón, ser austero, sin embargo, esa austeridad no debe, ni puede ser impuesta al resto de los mexicanos, ni por decreto, ni por conveniencia, la democracia no tiene como objetivo privar a los ciudadanos de nada, si no todo lo contrario crear las condiciones ideales para que el ciudadano sea pleno gracias a sus decisiones y los medios para llevarlas a cabo sin la intervención del gobierno. Algo que espero le quede claro al Presidente Electo.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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