Sabado, 15 de Diciembre de 2018, 12:39 AM
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Enemigo del pueblo

LA TERTULIA

Por Armando Enríquez

Es penoso que un país que arrogantemente se autonombra “Líder del mundo” tenga como presidente a un personaje tan ignorante y patético como Donald Trump. Un presidente que exhibe los grandes defectos de la democracia norteamericana y en general de la democracia. Su última confrontación directa con el periodista Jim Acosta de CNN y la secuela de mentiras y manipulaciones del video con el que la Casa Blanca retiró su acreditación al informador, sólo muestra el autoritarismo que nace de la ignorancia y la prepotencia.

El hecho en sí resulta un atentado contra la libertad de expresión, ¿o no? ¿Hasta donde un periodista puede confrontar de manera directa a un mandatario? En teoría hasta la última consecuencia, ya sea esta conseguir la respuesta a su pregunta o terminar siendo agredido, verbal o físicamente, por un hombre de muy pocas luces como lo es Trump, u otros más radicales como el príncipe saudí quien al parecer ordenó el asesinato del periodista Jamal Kashoggi al interior de la embajada de Arabia Saudita en Turquía, o como ha sucedido en más de una ocasión en nuestro país, cuando el poder del crimen organizado y los intereses de actores políticos han decidido deshacerse de periodistas.

Jim Acosta acosa al presidente de un país que aún tiene un grado democrático, que se encuentre a un paso de perderlo es diferente. Sin embargo, no deja de ser un circo mediático y con él, el hecho que los medios norteamericanos se enfrentan unos a otros; los fieles a Trump y su visión, como Fox News y los que se quieren llamar medios críticos de comunicación, como CNN. Nadie cuestiona lo que esto realmente significa y cual es el significado real del enfrentamiento entre el poder gobernante y los poderes fácticos existente en la sociedad actualmente. Simplemente se muestra la superficie sin ir al fondo del asunto: por un lado, el descarado intento de un presidente que se llama demócrata por comportarse como un dictador. Por el otro los intentos de un medio por marcar la agenda informativa y política de una nación. El hecho incontrovertible, más en Estados Unidos, de que el poder de su mal llamada democracia no radica en el pueblo molesta a los norteamericanos en su ego y prefieren darse por no aludidos, evitando profundizar. Claro que existen Estados en peores condiciones, donde los medios juegan el papel que el gobierno les asigna o les paga por cubrir.

En México cunado en la última semana un reportero cuestiona al Presidente Electo sobre el viaje de su hijo a Madrid y López Obrador se sale por la tangente contestando tonterías sin que nadie insista en la pregunta y su puntual o no respuesta, al menos ese periodista que preguntó está incumpliendo con su oficio ¿O no? Porque en nuestro país existe una costumbre de una prensa servil y agachona, reflejo de las actitudes del “pueblo sabio”.

Cuando un presidente llama a los medios de comunicación “Enemigos del Pueblo”, caemos en una descalificación cínica de aquellos que por oficio deben cuestionar a los poderes políticos o fácticos de un país. Cuando desde el gobierno los medios pueden ser descalificados el aura del totalitarismo se asoma.

Ese ejercicio profesional llamado periodismo llevado hasta su última consecuencia, no representa lo mismo en Estados Unidos que en Nicaragua, Venezuela, México, Arabia Saudita, Rusia. Pero el asunto va más allá del periodismo, atañe e impacta directamente en los pueblos. Cuando lo único que sabe hacer un gobernante es dividir para implementar visiones particulares o de grupo sobre una población plural y con diferencias de opinión, los gobernados deberían de estar preocupados. Los gobernantes de pocas luces, que se llaman demócratas, o los dictadores que gozan del apoyo de los órganos de poder de su nación son los principales divisores de los estratos de la sociedad, ya sea en bases de raza, de nacionalismo, de condición socioeconómica.

El verdadero enemigo del pueblo no puede ser quien por oficio cuestiona. El verdadero Enemigo del pueblo es, por lo general, el que etiqueta desde el poder con aires de superioridad el quehacer o la apariencia del otro, así lo hizo Hitler y así lo hace Nicolás Maduro.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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