Martes, 16 de Enero de 2018, 01:30 AM
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Entre la amnistía y las leyes de militarización

LA TERTULIA

Por Armando Enríquez

Desde el regreso del PRI a la presidencia en 2012, el ejército mexicano a través del Secretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos ha insistido en la definición por parte de Peña Nieto y su gabinete de seguridad de las funciones y la legalidad de la presencia de las fuerzas militares en las calles de México.

Los más extremistas han querido ver en la Ley, la respuesta a las exigencias del militar y una especie de amenaza golpista. Los más intransigentes auguran la obviedad para legitimar los abusos del poder militar. Los partidarios de Peña Nieto minimizan la situación argumentando una normalidad que no existe.

En el fondo las demandas del militar no son descabelladas. Necesitamos todos lo mexicanos, no solo los militares, saber que demonios hacen las fuerzas armadas del país en la calle y hasta donde pueden actuar los militares. Es necesario que los poderes ejecutivo y legislativo nos digan hasta cuando permanecerán en las calles y lo pongan por escrito. Es evidente que la figura del ejército ha sufrido un deterioro frente a la opinión pública a partir de las estupideces de Felipe Calderón y que ha continuado ante la nula propuesta de Peña Nieto para resolver la Situación. Es claro que el Estado Mexicano perdió el control en materia de seguridad y ha sido rebasado por el crimen organizado, que son estos criminales quienes controlan a policías, políticos e incluso a algunos gobernadores como se ha demostrado en más de una ocasión. La carencia de un estado de derecho. La nulidad de los poderes del ejecutivo frente al crimen organizado es una de las desgracias de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. La probada incapacidad de Peña Nieto, de los gobernadores, de legisladores y jueces frente al poder real de narcotraficantes, tratantes de personas y demás criminales ha hecho necesaria la permanencia del Ejército y Marina en funciones policiacas.

Es cierto que fue Felipe Calderón quien inició la guerra contra el narcotráfico sacando al ejército de los cuarteles, desgraciadamente con el tiempo se demostró que también sectores del ejército habían sido infiltrados por el crimen organizado y se recurrió entonces a la marina. Peña Nieto prometió acabar con esta situación y presentar una alternativa diferente a la lucha contra el narcotráfico, lo que ha resultado en una mentira del presidente que decidió mantener la estrategia Calderón. Ambos cuerpos de seguridad del estado frente a amenazas externas continúan, hoy siendo utilizados en tareas de seguridad civil.

La Ley de Seguridad Interior propuesta por Peña Nieto, presenta un asunto de gran complejidad, que ha despertado voces de protestas entre la sociedad civil, ha encendido la suspicacia de la ciudadanía, de organizaciones no gubernamentales, de universidades y de organismos internacionales en cuanto a lo que Peña Nieto busca en realidad con dicha ley en tiempos que preceden a la elección presidencial, o de las verdaderas intenciones de Cienfuegos, quien se dice, ha presionado al presidente y al poder legislativo. Los paleros del presidente y los llamados rebeldes del PAN minimizan el asunto olvidando que las curules y escaños que ostentan se las deben a los ciudadanos. El poder del voto ciudadano es una gran arma civil en una democracia, algo que en México es también fingido.

Las votaciones Fast Track al interior del sumiso poder legislativo demuestran el desprecio de los partidos y de Peña Nieto por los mexicanos.

El problema de la Ley de Seguridad Interior es que va mucho más allá de delimitar las funciones del ejército en las calles y le otorga a las fuerzas armadas el poder de violar todos los derechos humanos. Peña Nieto se convierte, entonces, en el principal enemigo de la democracia en México y de los mexicanos. Los legisladores como Javier Lozano, Emilio Gamboa Patrón, Roberto Gil Zuarth, Ernesto Cordero y César Camacho Quiroz junto con toda la bancada priísta y sus aliados del verde se han convertido en cómplices del asesinato de la democracia mexicana. Lo que queda claro es que Peña Nieto y sus esbirros están dispuestos a todo para evitar que el PRI pierda la presidencia y todos los privilegios de los que se han adueñado, lo que es peor Peña Nieto se muestra como un pequeño dictador incapaz de escuchar al pueblo que gobierna. Un hombre opuesto al diálogo. Lo único que nos debe quedar claro a los mexicanos es que no debemos temer a las acusaciones de que AMLO convierta a México en Venezuela porque el gobernante más parecido a Nicolás Maduro es Enrique Peña Nieto.

Quien ha pactado con el crimen organizado es Peña Nieto que liberó a Caro Quintero y a Don Neto, que prefirió encarcelar a Mireles ante que acabar con los narcotraficantes en Michoacán, quien ahora a través de una maniquea Ley de Seguridad Interior que debería haber aclarado a los mexicanos y al ejército, la situación de este último en la guerra que se libra al interior de México. Ha sido ante todo Peña Nieto. ¿Por qué la incapacidad de los gobiernos civiles tiene a los militares en las calles haciendo labores de policía? ¿Por qué la incapacidad de crear cuerpos policiales de elite? ¿Acaso Peña Nieto pretende perpetuar a su partido en el poder a partir de una oscura alianza con lo más podrido del PAN, como sugiera se elección de precandidato?

Y mientras Peña Nieto ataca de manera directa a la democracia, el otro extremo de los actores políticos del país también debe preocuparnos. El eterno candidato y mesías tropical en una más de sus estúpidas ocurrencias, pretende amnistiar a los narcotraficantes en caso de resultar electo por los mexicanos a la presidencia del país. No es que la propuesta sea descabellada, de facto, los priístas, los panistas y los perredistas han pactado en su momento con los criminales. El problema es que el supuesto redentor del país ha decidido ignorar a los mexicanos que piden seguridad y que han sido víctimas de estos criminales; secuestrados, extorsionados, amenazado y sufrido atentados para perdonar a aquellos que cometieron las ofensas. López Obrador no sabe ya cómo ganar el voto de aquellos que no estamos dispuesto a dárselo, sin darse cuenta como en las dos ocasiones anteriores que hoy las encuestas lo dan por vencedor, parece que él quiere agradar a todos, lo cual como sabemos es imposible.

Entre una Ley de Seguridad Interior que no presagia nada bueno y ocurrencias que favorecen a los criminales antes qué a los mexicanos a los ciudadanos nos debe quedar muy claro que solamente nosotros podemos acabar con estos políticos ambiciosos, sin escrúpulos, mezquinos. Con los discursos demagógicos y populistas de todos colores carentes de sustancia y llenos de oropel. Ellos se perpetuarán en el ejercicio del poder mientras nosotros lo permitamos. Nuestro voto es importante y la presión que debemos ejercer para que se nos proteja de manera correcta es básica, si personajes mediocres como Peña Nieto y sus amigos del PRIANUEVALIANZAVERDE son incapaces de decir que hace el ejército en las calles de las ciudades a los ciudadanos, pero en especial a los militares.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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