Viernes, 24 de Noviembre de 2017, 10:38 AM
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Esos malditos libros

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Así como muchos que consideran a la palabra como una de las armas más poderosas y subversivas, se han encargado de silenciar a través de leyes o en el ejercicio del asesinato, el acto extremo de la censura, una estrategia de control.

A lo largo de la historia de la humanidad existen quienes al ver la palabra escrita han decidido convertirla en un enemigo más de su gobierno o su fe. Los libros escritos por contemporáneos y precursores que ni siquiera conocieron a los gobernantes se convierten en adversarios temidos por tiranos de todos colores.

Doscientos años antes de Cristo en China, el emperador Qin Shi Huang, cuyo maravilloso mausoleo encierra un ejército de figuras de terracota, y constituye sin lugar a dudas una de las maravillas del mundo antiguo, un hombre paranoico y enemigo de la palabra escrita, quemó miles de textos, además de mandar enterrar a más de cuatrocientos sabios. La leyenda dice que califa Omar mandó incendiar la famosa biblioteca de Alejandría, se dice que más de 200, 000 libros ardieron en aquella ocasión y se cree que esto marcó un retroceso en lo que llamamos la evolución de la humanidad que equivale a varios siglos de retroceso. Las palabras del califa al ordenar una de las más grandes atrocidades en nuestra historia fueron; Sí el conocimiento encerrado en esos libros coincide con el libro sagrado, entonces su incineración no importa, si son contrarios a nuestro libro sagrado entonces deben ser quemados. Los libros sirvieron de combustible para calentar los baños públicos de la ciudad durante seis meses. No hubo manera de salvar la biblioteca de las llamas de la intolerancia. Los Nazis eran aficionados a la quema de libros que consideraban contrarios a su ideología, e incluso publicaban listas de libros prohibidos que debían ser quemados.

La historia de la represión de las ideas escritas, se extiende a lo largo de los tiempos, llegando incluso a nuestros días y a nuestro país, aunque en forma de farsa. Recordemos, por ejemplo, al secretario de Carlos Abascal de infausta memoria y moral ambivalente que en los tiempos de Vicente Fox y seguramente sin haber leído el Aura de Carlos Fuentes decidió prohibirlo en las escuelas de México. Desde los atentados en contra de Estados Unidos, la ley norteamericana permite al FBI el revisar las listas de los títulos de libros prestados por las bibliotecas a los individuos, así como a hackear a los ciudadanos con tal de conocer los libros consultados en Internet.

Pero el más reciente ataque contra la palabra escrita viene del gobierno chino, o al menos eso podemos suponer, al secuestrar en los últimos meses a cinco personas relacionadas la casa editorial Mighty Current de Hong Kong, dedicada a publicar a libros críticos y políticos acerca de China. Las notas informativas dicen que el último de estos secuestros preocupa a los especialistas y a los habitantes de Hong Kong porque fue el primero que se realizó dentro del territorio de aquella ciudad. Otros se llevaron a cabo en China continental y uno más Tailandia. De hecho, ese fue el primero de los cinco. La primera víctima fue el propietario de la editorial y el hecho sucedió el 17 de octubre de 2015, lo curioso es que a lo largo de los siguientes meses la mujer del empresario chino ha recibido llamadas de su esposo que al ser rastreadas tienen origen en lugares tan diversos como Polonia, Togo y Croacia. Lo que implica la existencia de una red de inteligencia china que actúa mucho más allá de las fronteras chinas. La esposa del último de los desaparecidos declaró el pasado día cinco que su esposo había viajado de manera voluntaria a China continental para colaborar con las autoridades en una investigación policiaca, cancelando la denuncia por la desaparición de su marido, pero existen muchas dudas al respecto.

El gobierno inglés reconoció que uno de los libreros es de nacionalidad inglesa, sin especificar cuál de ellos, y Anonymus Hong Kong ha convocado a los hackers a atacar los sitios de Internet de la policía china como forma de protesta. El gobierno chino ha permanecido en silencio en lo que para muchos es una violación de la regla de una patria dos gobiernos.

¿En verdad el poder de los libros es tal? Es difícil saberlo, lo que es cierto es que una sociedad que lee tiene una mayor capacidad de análisis, de discernir, una mayor curiosidad y un menor conformismo. Los libros no necesariamente unifican criterios, pero ayudan a formar personas con opiniones sustentadas, capaces de debatir. Seres humanos menos ingenuos e ignorantes. En México abunda la autocensura, más que la censura. El gobierno ha aprendido que en la mayoría de los casos un control estricto sólo provoca molestia en la población e inestabilidad social. El caso de los 43, se ha dejado crecer, caer y volver a crecer esperando que la gente se canse del tema. Lo mismo sucede con los casos de corrupción del gobierno federal y la sumisión del Presidente ante un grupo de empresarios. Los casos de censura han sido en contra de comunicadores prominentes y con millones de seguidores, y en el caso de las decenas de periodistas asesinados la mayoría de los casos ha sido por parte de autoridades locales y regionales que actúan de manera burda y primitiva.

Los libros en México no pueden ser enemigos de ningún circulo de poder porque maquiavélicamente desde hace décadas la política educativa del estado se ha centrado a desmotivar la lectura entre los ciudadanos. La ignorancia fomentada por los diferentes niveles de gobierno ha creado una tierra muy fértil para la demagogia, el populismo de izquierda y de derecha y la aceptación sin cuestionamiento de las decisiones proveniente del poder. Aunque las investigaciones de la hoy Secretaria de Cultura dicen que los mexicanos leen en promedio 3 libros al año, esto aún se encuentra por debajo del promedio de países desarrollados. En Finlandia que es el país que lee más libros se leen 47 libros al año y en España 10.  La Unesco dice que Japón es el país más habituado a la lectura con 91% de los japoneses que acostumbran leer de manera cotidiana diarios, revistas y libros.

La reforma en materia educativa en México, no habla de promover la lectura, como tampoco habla de promover el interés por la ciencia. No habla de formar mejores ciudadanos, si no que se propone crear a la vieja usanza del inicio de la educación pública en Inglaterra, un cuerpo burocrático que sostenga a la partidocracia. Una serie de mexicanos educados de la peor manera con un sistema totalmente desmotivador.

En México los libros no importan, los políticos en general ni siquiera leen y en algunos casos dudo que sepan hacerlo, la mayoría desconocen la cultura nacional y su estado. Somos el país con más hispanohablantes del mundo y sin embargo estamos sojuzgados por las pésimas y regionalistas traducciones españolas y argentinas, el número creciente de editoriales independientes no encuentran eco, ni apoyo en las librerías, o en las políticas de estado, mucho menos en el poder legislativo. Si para el gobierno leer no es una prioridad nosotros debemos de promover entre los nuestros y círculos más cercanos la lectura, tal vez de esta manera algún día los libros en nuestro país también sean vistos como un peligro por los tiranos.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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