Jueves, 21 de Septiembre de 2017, 01:54 AM
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La suma de todo

En más de una ocasión vemos el árbol sin poder darnos cuenta del bosque, y en muchas otras, así es como nos quieren hacer ver realidad, como si una golondrina hiciera verano. El interés por fragmentar la realidad ayuda a manipular y hacernos voltear hacía un solo punto, desatendiendo todo lo demás.
Centrarse en la persecución de Javier Duarte, es tratar de olvidar que los mismos agravios contra los mexicanos han sido cometidos por otros ex gobernadores, gobernadores, funcionarios, diputados, senadores y hasta el Presidente Enrique Peña Nieto y su Casa Blanca, que algún día descubriremos es tan solo la punta de un inmenso iceberg de corrupción.
Los niveles de corrupción alcanzados en estados como Veracruz, Tamaulipas o Coahuila no se entienden sin el crimen organizado. Hoy tenemos que voltear a diarios extranjeros para tratar de ver un poco de lo que es México, los artículos de la pasadas semanas publicados en El País nos muestra la compleja red de complicidades que existen en México desde hace años entre los gobernadores del PRI y el crimen organizado, si no recordemos la detención de Humberto Moreira en España y para la cuya liberación la PGR, la embajada de México en España y el gobierno de Peña Nieto hicieron esfuerzos que algún día conoceremos para lograr la liberación del hombre que endeudó a Coahuila para enriquecerse él. También en El País se ha puesto al descubierto la cantidad de millones de dólares diarios que gana el narcotráfico y uno de los esquemas de negocio para lograrlo, algo que como las cámaras de seguridad de la CDMX (MR), los gobiernos locales y federal han sido incapaces de descifrar, o al menos eso nos quieren hacer creer.
Duarte, al igual que Fidel Herrera, tendría que responder no solo por los casos de corrupción en su sexenio que son un agravio contra los veracruzanos, si no por sus nexos con el crimen organizado que lo convierte por lo menos en cómplice de actos terribles contra los mexicanos. Pero en el México hoy que persigue con titulares y reportajes a Javier Duarte, ya se nos obligó a olvidar que el ex líder del PRI capitalino, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, se dedicaba a la trata de personas y no pasó absolutamente nada. Ni siquiera se armó el circo que hoy ha montado Enrique Ochoa Reza para expulsar a Duarte del partido, en el caso proxeneta chilango.
Las verdaderas alianzas del llamado Nuevo PRI, no están con los partidos políticos pequeños, si no con los grandes grupos criminales del país. El último caso en destaparse parece involucrar al alcalde de Monterrey Adrián de la Garza, al que según El País un miembro de los Zetas detenido en España ha mencionado en sus declaraciones como parte de los políticos corruptos del norte de nuestro país. No hay que olvidar como durante el mandato de Rodrigo Medina como gobernador de ese estado, en Monterrey aparecieron varias narco mantas firmadas supuestamente por los Zetas que le recordaban al entonces recién elegido gobernador de Nuevo León sus compromisos con el grupo criminal que le financió la campaña, de acuerdo a estos mensajes.
Duarte está mejor escondido que El Chapo tras su segunda fuga, lo mismo sucede con el panista Padrés y ni que decir de Marcelo Ebrard que se encuentra fuera de México por temor a ser detenido por la corrupción que se dio en la construcción de la línea 12 del Metro, aunque eso no sea el más representativo caso de corrupción durante su paso por la jefatura de gobierno de la CDMX.
Los políticos mexicanos de todos los colores incluídos a los puritanos de Morena se han aliado con diferentes grupos criminales o empresariales a su conveniencia y la de estos grupos para hacer del del poder un ejercicio de enriquecimiento ilícito.
Ese descarado mirar a la corrupción como algo natural, como Enrique Peña Nieto en más de una ocasión a lo largo de su presidencia ha justificado y avalado, es lo que hace que para una gran cantidad de países México sea como un país africano donde gracias a la avaricia de los funcionarios públicos todo sea posible con “una untadita”, por eso empresas como OHL, mineras canadienses, empresas refresqueras hacen jugosos negocios comprando a presidentes municipales, legisladores, secretarios de estado e incluso a gobernadores como parece demostrar el caso de KIA con el ex gobernador de Nuevo León Rodrigo Medina de la Cruz.
Y claro en ese bosque completo, que se nos quiere negar mostrándonos solo lo chueco del más cercano, el desmantelamiento de PEMEX se nubla, mientras el crecimiento desbordado de los saqueadores de ductos, presumiblemente protegidos por diferentes niveles de gobierno, se resalta en los medios. El fracaso de las reformas estructurales. El fracaso total de la reforma educativa donde el gobierno ha doblado las manos y negociado con la CNTE y el SNTE en contra de los intereses de los educandos mexicanos. Un presidente tramposo desde sus tiempos de estudiante.
Lo bueno no se cuenta, porque es muy difícil encontrarlo en este gobierno y con estos partidos políticos. Un presidente incapaz de aceptar la realidad y peor aún la responsabilidad, lo vimos desde que obligó a su esposa asumir frente a los mexicanos la responsabilidad de la Casa Blanca y recientemente al culpar de la inseguridad a ex presidente Calderón por medio de su títere Enrique Ochoa Reza, cuando después de cuatro años la responsabilidad es únicamente de él, ¿acaso va a responsabilizar de la caída del valor del peso va a José López Portillo, por no defender la moneda como un perro?
Nos quieren hacer ver fragmentos para bien o para mal, sin dejar vernos el desastre que el PRI ha hecho de un país que comenzaba, no sin graves problemas, a remontar. Porque la suma de lo que estos cuatro años han representado para México da como resultado un retroceso en materia de libertad, transparencia, seguridad, educación y crecimiento. Veámoslo claramente, no como quieren que lo veamos, porque no es Javier Duarte el que se encuentra prófugo, son muchos, muchos más los que huyen de su responsabilidad de hacer de este un país digno de sus ciudadanos.

Armando Enríquez Vázquez
@cernicalo

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