Lunes, 25 de Septiembre de 2017, 01:56 PM
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Paquetes de impunidad, bloqueos y transición

Ante el desabasto, la violencia y el cinismo de diferentes grupos sociales solo existe un culpable; el PRI.

El PRI se ha convertido en un partido rupestre, como rupestre son sus representantes, sus miembros, su presidenta y muchos de los miembros del gobierno federal que acompañan a un presidente que indiferente y carente de cualquier tacto político y social, y prefiere viajar en giras absurdas antes que enfrentar un país que atraviesa un momento de desconfianza en las instituciones, que desprecia a políticos tibios y poco osados, demostrando una vez más que el país se gobierna desde otro lado.

El PRI y la irresponsabilidad de sus miembros son los responsables no sólo de los bloqueos de la CNTE, porque si bien al gobierno no le tiembla la mano para asesinar a ciudadanos como lo ha demostrado en más de una ocasión a lo largo del gobierno de Peña Nieto, en Ayotzinapa, en Tlataya, en Tanhuato y más recientemente en Nochixtlán. Al mismo tiempo un gobierno incapaz de aplicar la ley para liberar las vías federales de comunicación como en su momento hizo Vicente Fox, sin que nadie resultara herido, ni muerto. Es muy probable que al final de las negociaciones del gobierno con los maestros se libere a sus líderes y una vez más impere la opaca ley con la que el PRI sabe gobernar. La CNTE ha servido muy bien como cortina de humo para evitar examinar a fondo la reforma educativa y cuestionarla por anteponer a la educación medidas administrativas. También ha funcionado como cortina de humo para distraer de la verdadera inconformidad social de los mexicanos y asuntos muy delicados como la corrupción al interior del sistema de salud púbica de nuestro país.

No es la primera vez que la  CNTE es complice de los gobiernos federal y/o locales. Cuando gobernadores y gobernantes priístas a finales del siglo XX decidieron utilizar a un grupo de malos maestros como golpeadores políticos y gastaron parte del erario de Oaxaca y Chiapas, se formó un grupo de hampones que hoy tiene secuestradas las carreteras de estos estados, y hoy, como antaño, el gobierno tiene un chivo expiatorio para explicar el estado de descontento de la nación. Hoy la CNTE igual que el SNTE están muy lejos de representar a los maestros, son sus líderes quienes quieren ocultar sus transas a partir de manifestarse bajo una supuesta causa social.

Los bloqueos demuestran, además, la incapacidad de estados como Oaxaca y Chiapas, ricos en tierra y recursos naturales, para ser productivos y pone sobre la mesa de discusión la verdadera voluntad de empresarios y habitantes por hacer crecer a su estado y a su región. Mucha de la pobreza del sureste mexicano se debe a una perversa y corrupta relación entre ignorancia, corrupción y contubernio entre empresarios, sectores sociales de la población, como sindicatos, gobierno y en muchos casos los mismos ciudadanos que únicamente esperan que el gobierno estatal o federal resuelva sus necesidades inmediatas y futuras sin comprometerse al desarrollo económico.

Hace casi treinta años durante la campaña de 1988, radicaba en Xalapa, Veracruz y recuerdo que, en una reunión con la ciudadanía y la prensa local en La Parroquia de la capital veracruzana, el candidato panista a la presidencia Manuel Clouthier declaró: A mí denme Veracruz y yo les pago la deuda externa. La riqueza de los estados del sureste y del Golfo ha sido saqueada desde tiempos posteriores a la independencia por diferentes caciques militares y políticos que se han aprovechado en más de un sentido de la población. Pero la voracidad de los supuestos empresarios que crecieron a la sombra del proteccionismo de gobiernos paternalistas ha sido similar a la de líderes políticos, queriendo invertir el mínimo para ganar el máximo. Un pacto corrupto que intercambia compromisos clientelares a cambio de las dádivas comerciales y legales que hasta la fecha les permiten a muchos empresarios en todo el país violar las leyes federales del trabajo y castigar los salarios con ese infame salario mínimo que el PRI impuso en México.

El cinismo y la falta de autocrítica de Carolina Monroy, presidenta accidental y por dedazo, del Partido de la Revolución Institucional, frente a las acciones de los miembros de su partido que pretenden establecer en estados como Veracruz y Quintana Roo; los llamados paquetes de impunidad, con los cuales corruptos del tamaño de Javier Duarte y Roberto Borge intentan blindar sus corruptas administraciones y evitar cualquier acción legal que se pueda ejecutar en contra de ellos o de sus colaboradores. La presidenta nacional del PRI se esconde en ese cinismo legaloide, con el que argumenta que ella no es fiscal para juzgar si la actuación de los gobernadores de Veracruz, Quintana Roo o Chihuahua es ilegal; presumiendo, así, que la impunidad de la que gozan los miembros de su partido es algo natural que se basa en torcer la ley todo lo que se pueda sin romperla.

Sólo desde la estulticia de un hombre como el gobernador veracruzano que en seis años ha permitido no sólo el imperio de impunidad, si no ha atacado directamente a los veracruzanos permitiendo y promoviendo la violencia en contra de periodistas, de ciudadanos y ahora en contra de los miembros de los partidos de oposición, en una acción que solo demuestra su incapacidad de razonar como ser humano, se puede pretender pasar sin castigo legal.

Desde Los Pinos, sólo ha existido en cuatro años un silencio cómplice de Duarte y su antecesor, Fidel Herrera, al que el presidente nombró cónsul en Barcelona, sin importar que este personaje sea conocido por amenazar a periodistas, incluso a nivel nacional y del cual se sospecha tuvo o tiene vínculos con el crimen organizado. La democracia mexicana no funciona y no funciona entre muchas cosas porque permite que la transición del poder entre las gobernantes electos y los salientes tarde más de medio año, lo que permite a cínicos como Javier Duarte blindar a su corrupto gobierno y funcionarios. Es necesaria una nueva reforma política, una más, porque toda democracia es perfectible y a la nuestra le falta muchísimo para ser siquiera una democracia decente.

Todo se reduce a un sólo problema, en eso estoy de acuerdo en principio con Peña Nieto, a la educación. Sin embargo, la trascendencia de la reforma educativa no puede estar cimentada en un asunto meramente administrativo, tiene que ir a fondo en los contenidos y formatos. En resultados en los educados.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo

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