Domingo, 20 de Agosto de 2017, 12:16 PM
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Preguntas sobre la movilidad en la CDMX.

La Tertulia 

Preguntas sobre la movilidad en la CDMX.
Por Armando Enríquez 

Hagamos un ejercicio mental. Por un momento imaginemos que somos viajeros que llegan por primera vez a la CDMX (Marca Registrada), una vez en las calles de la ciudad enfrentamos la decisión de tomar un transporte para llegar al lugar que queremos visitar. Lo primero que debemos elucidar es ¿por qué hay taxis dorados con rojo por un lado y por otro, taxis de color blanco con rosa? ¿Unos mal pintados y otros peor, sin números que los identifiquen? ¿Acaso unos son más caros que otros? ¿Acaso unos son de una empresa y los otros de otra? Porque, finalmente, los carros se ven igual de destartalados y de las mismas marcas. Y esta tolerancia permite la existencia de taxis piratas que vuelven a este tipo de transporte en uno de los más peligroso.

Sí como visitantes decidimos utilizar el transporte público colectivo, llámese RTP, Metrobús, pesera o trolebús, ya sea operado por el gobierno o privado, lo primero que llama la atención es una vez más la gran variedad y diverso estado en el que se encuentran; camiones, nuevos, blanco y morado, más o menos confortables, que cuestan cinco pesos por los primeros 6 kilómetros, y seis pesos si el viaje es más largo, otros verdes menos cómodos, más viejos y menos cuidados y están otras unidades; destartaladas, que pueden ser verdaderas regaderas si es temporada de lluvias y hornos durante en estiaje, pero sobretodo son el mejor foco para contagiarse de tétanos por la cantidad de aristas oxidadas que amenazan al pasajero y a eso debemos sumarle que durante décadas la autoridad no ha creado un protocolo para estos vehículos que se pagaron hace más de veinte años y pertenecen a los deshuesaderos. Es ridículo como cada uno ofrece un diseño diferente y las incomodidades de uno otro son siempre parte del reto de moverse en una ciudad donde no existe una regulación, ni un interés por tener un transporte de calidad en la moderna CDMX (Marca Registrada), estas carcachas de la muerte cobran solo cincuenta centavos menos que el primero. A primera vista parece que existe un transporte para quienes deciden utilizar vías primarias como Insurgentes y Reforma, y otro de menor calidad y menor control para los que van por otras calles y avenidas; concesionado, de pésima calidad y sin control donde los conductores hacen paradas donde se les da la gana y hablan por teléfono celular, sin problema alguno. A los concesionarios no se les exige tener modelos recientes.

Otra característica que sorprenderá al visitante y a nosotros los chilangos nos parece algo normal, es la falta de un horario en los transportes públicos colectivos, siempre será parte de un acto de fe o de adivinación el saber cuánto tardará en llegar a el próximo Metro, Metrobús, trolebús o camión. O cuantas unidades pasaran en solo un minuto en las diferentes direcciones. A esto hay que sumar, la falta de sincronización de semáforos que redunda en mayor contaminación y una pésima movilidad en la ciudad. Las rutas pueden variar de acuerdo con el tráfico o el estado de ánimo del conductor. Las paradas, aunque son señaladas por la ley, quedan a discreción y el libre albedrio del conductor que puede tener entre 15 y 95 años de edad, sin que esto sea un impedimento, se les permite utilizar el celular al conducir, así como jugar carreritas con otras unidades para ganar pasaje y cambiarse de carril a voluntad, como si llevar a más de cuarenta personas no implicara una responsabilidad para estos cafres disfrazados de choferes y tolerados por la corrupción permitida por el gobierno central de la CDMX (Marca Registrada).

Pero si para el visitante peatón la CDMX puede resultar una experiencia surreal con final violento a mano armada, no es muy diferente para aquel que llega en coche a la capital del país. Lo primero es que muchas veces el visitante debe atravesar ese páramo de ladrones con placa que es el Estado de México, donde los cuerpos policiales y de tránsito son el mejor ejemplo de la impunidad que concede el PRI a sus servidores públicos con tal de mantener el miedo en la ciudadanía. Una vez cruzada la imaginaria línea divisoria que separa a la corrupción y la impunidad de la corrupción y el caos, el conductor se enfrentará a una ciudad que se mueve a una velocidad de 50 Km/hr, porque así si salen bien las fotografías del sistema de fotomultas que tanto le interesa al gobierno de la CDMX (Marca Registrada) que funcione. Pero además a pesar de existir un reglamento de tránsito de la CDMX (Marca Registrada) lo primero que llamara a atención del conductor visitante es que en la capital del país todo se vale. Los automovilistas se pueden estacionar en donde se les dé la gana, incluso sin importar la existencia de una franja amarilla en la orilla de la banqueta indicando lo contrario, en vías lentas, muy lentas o superlentas, porque eso de rápidas en esta ciudad es un eufemismo que sirve para describir calles con mucho tráfico a todas horas. En doble, triple y todas las filas necesarias. El automovilista a pesar de tener un límite de velocidad de 50 Km/hr, si encuentra 100 metros para acelerar a 340 Km/hr lo puede hacer, por eso luego las fotomultas salen borrosas y se termina multando a un taxista por no usar casco al conducir, historia que por absurda que pudiera parecer una más de las sorprendentes realidades de la burocracia citadina

Además de los automovilistas, ciclistas, motociclistas y peatones rompen todas las reglas establecidas en el reglamento de tránsito. Los ciclistas circulando por las banquetas o en sentido contrario como respuesta directa al temor al nulo respeto por parte de automovilista, los peatones caminando a media vereda debido a los diferentes obstáculos que las autoridades de las diferentes delegaciones van plantando, en ese compulsivo y opaco restaurar banquetas que tienen, por camiones y automóviles estacionados o descargando bienes o materiales de construcción obstruyendo toda la banqueta. Motocicletas y automóviles llegan a circular sobre las banquetas, en una ciudad que parece no tener agentes para imponer que se cumpla la ley, pues los hombres y mujeres vestidos con un chaleco amarillo se dedican única y exclusivamente a dirigir el tránsito, pero jamás los he visto imponer una multa, ni siquiera llamar la atención de un conductor en falta.

Las soluciones no son fáciles, tomando en cuenta que a la tolerancia de los agentes de tránsito debemos sumar, la total falta de educación cívica y de la nula responsabilidad de todos los involucrados, desde la señora que avienta su camioneta en contra de un policía en motocicleta que intenta sancionarla, espero que las cámaras de las multas la hayan captado. Hasta el peatón que por flojera decide que es más fácil cruzar el Periférico toreando carros, a subir y utilizar un puente peatonal.

Contaminación, doble no circula, pésimo transporte público, sobretodo el concesionado, al que el gobierno de la CDMX no puede, ni quiere ordenar. Semáforos en manos de agentes a pie, que desajustan todo el sistema, camiones de basura o reparto obstruyendo los carriles de contraflujo en horas pico. Obras de bacheo a plena luz del día.

¿No sería importante evitar que tanto camiones de reparto, como de basura, transiten durante el día como sucede en otras ciudades del mundo y del país? ¿No sería importante marcar muy bien las paradas del transporte público privado, que decide hacer paradas en cualquier lugar y a cualquier hora? ¿Obligar a los taxistas a utilizar crómatica oficial rosa y blanco? ¿No es importante ejercer la ley en contra de ciclistas que van sobre la banqueta o en sentido contrario en las calles? ¿de multar a motociclistas que van zigzagueando por las vialidades? ¿No es hora de que los policías cumplan con sus funciones, sin importar una reacción negativa de la ciudadanía? ¿No es hora de que las autoridades dejen de limitar la acción de sancionar con la ley en mano? ¿Qué no quede en el anonimato la pésima operación de las cámaras fotográficas de la CDMX (Marca Registrada)? ¿Acaso no llegó ya el momento en que como ciudadanos también cumplamos con la ley, nos comprometamos con la Ciudad, en lugar de únicamente quejarnos? ¿pero sobre todo no llegó el momento de que el Jefe de Gobierno de la CDMX (Marca Registrada) deje de hacerse tonto y ponga los pies en la tierra, en lugar de soñar con su candidatura en 2018?

Armando Enríquez Vázquez
@cernicalo

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