Domingo, 09 de Diciembre de 2018, 08:36 PM
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¿Y después de la democracia?

LA TERTULIA

Por Armando Enríquez

Si algo queda claro a lo largo de este siglo es lo ineficiente que resulta ya la democracia. En menos de veinte años países con grandes economías como Estados Unidos, Rusia y principalmente China han demostrado que la democracia, al menos la idea que nos ha vendido desde la revolución francesa y la independencia de Estados Unidos ha sido rebasada. Ni el voto directo, ni el parlamentario juegan un papel importante en la conformación de los gobiernos, como acaba de quedar demostrado en España con la caída de Mariano Rajoy.

En México a lo largo de dieciocho años hemos tenido tres presidentes que han sido electos con menos del 50% mas uno de los votos emitidos, eso sin considerar la abstención que en las tres elecciones presidenciales de este siglo ha sido mayor al 35% de los electores registrados, lo que convierte el porcentaje atribuido a cada uno de los ganadores en un número menor.

Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto han gobernado México gracias a los votos de la primera minoría y no de la mayoría como supuestamente propone la democracia. Algo muy similar podría pasar en las elecciones de este año, a pesar de que por primera vez en lo que va del siglo algunas encuestas coloquen a López Obrador con una intención de voto mayor al 50%.

En Estados Unidos el caso es peor porque la mayoría de los votantes eligió a Hillary Clinton, pero gracias al intrincado y opaco sistema norteamericano con su colegio electoral el triunfo fue para Donald Trump.

Lo que esta sucediendo en Italia y lo sucedido en España con la destitución de Mariano Rajoy por moción, y el legislativo nombrando sucesor a un hombre que por voluntad propia renunció el año pasado a su escaño, son clara muestra de que la democracia está muy lejos de ser la utopía que nos enseñaron en la escuela y lejos de representar en la realidad la voluntad de la mayoría de los votantes.

La democracia esta sobrevaluada y otro de los ejemplos claros lo tenemos en Venezuela, donde un pillo de siete suelas se ha hecho del poder a costas del bienestar y la felicidad de su pueblo. El problema actual se basa en tener candidatos populares, sin importar su capacidad para gobernar un país de manera armónica tanto al interior como en el exterior. El resultado es que los payasos llegan al poder; Vicente Fox en su momento, Jimmy Morales en Guatemala, Mariano Rajoy en España y Donald Trump como el epitome de esta farsa de falsos estadistas. En las próximas semanas muy probablemente se añada a esta lista Andrés Manuel López Obrador. La característica principal es que todos son o han sido empáticos en su momento con quienes están enojados con el sistema, pero ninguno de ellos es o ha sido capaz de contestar con propuestas, ni con ideas, manejan un monologo dictatorial asimilado y creído a fuerza de repetirlo que si uno se detiene a analizarlo es ofensivo a la inteligencia, del “Hoy, hoy, hoy”  de Fox a la “Mafia del Poder”  de López Obrador no ha y diferencia alguna. Otros como Enrique Peña Nieto son simples títeres de un sistema oligárquico que lo ayuda a llegar al poder con el finde obtener sus beneficios.

En muchas series de ciencia ficción actuales, Mr. Robot, Continuum, I zombie, Altered Carbon, entre otras, tienen como propuesta que el gobierno ha sido anulado por grandes corporativos, o esta al servicio de una plutocracia que controla la producción. Si lo vemos con frialdad eso es algo que esta sucediendo ya. Cuando el directivo de una constructora como OHL le grita a un gobernador como en su momento lo hizo José Andrés de Oteyza a Peña Nieto, quien en ese momento dirigía los destinos de los ciudadanos mexiquenses, difícilmente podemos equivocar la señal. El que manda ni siquiera estuvo cerca de aparecer en una boleta electoral.

Los políticos surgidos de la democracia desaparecen tras sus años de servicio en las oficinas presidenciales, cualquiera que sea la duración de este puesto. Los CEO de las empresas lo hacen al morir. Esto promueve la corrupción entre los políticos que buscan asegurar su futuro través de manejar un país como si fuera propio en los años que les dura el gobierno. La postura en ese sentido de gobiernos como el de China y poco a poco lo que sucede en Rusia son claros ejemplos de que la economía de estado evolucionó; el control permanece en oficinas burocráticas del gobierno, pero la expansión y conquista de mercados mundiales corre a cargo de empresarios que deben obedecer a los gobiernos que por su parte siguen ejerciendo las dos potestades más importantes del Estado; la seguridad y bienestar de sus gobernados. En China, al estilo drástico de El Bronco, empresarios corruptos han sido condenados a la pena de muerte, de la misma manera que funcionarios del gobierno que estaban coludidos con ellos. Incluso la dictadura caribeña que es Cuba está mejor en muchos rubros como salud y bienestar social que democracias del mundo libre como la nuestra donde la pobreza extrema debería de ser algo que nos ofendiera al resto de los mexicanos que durante décadas hemos escuchado el discurso vacío del bienestar de las familias y el empleo creciente. Los empresarios políticos como Berlusconi o Trump además de demagogos han resultado personajes negativos para la política exterior e interior de su país.

Hoy López Obrador en su desmedida ambición por ser presidente de México ha pactado con personajes como Alfonso Romo, Marcos Fastlicht, suegro de Emilio Azcárraga Jean a quien López Obrador ha atacado en más de una ocasión y acusado de ser parte de la Mafia del Poder, Ricardo Salinas Pliego, entre otros. Las mafias del poder que tanto denuncia el tabasqueño no son sólo políticas. Principalmente consisten en los empresarios y corporativos que apoyan las candidaturas de los elegidos y eso incluye definitivamente al tabasqueño, quien a diferencia de elecciones anteriores se ha vuelto igual o más pragmático que sus criticados adversarios políticos.

Es imposible que exista una forma de gobierno perfecta, pero si algo nos debe quedar claro después del experimento global del siglo XX y lo que he hemos visto y vivido a lo largo de este siglo es que Platón tenía razón y la democracia es una de las peores formas de gobierno.

Armando Enríquez Vázquez

@cernicalo.

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