Lunes, 24 de Febrero de 2020, 08:51 PM
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FERVOR LATINOAMERICANO

Latinoamérica sigue siendo escenario de constantes batallas entre democracia y dictadura. Los hechos nos han dado a entender que las democracias son someras e intermitentes y que desafortunadamente, no van acompañadas de un desarrollo social que pueda satisfacer las demandas de una nación.

Ideologías de izquierda o de derecha han dañado, cada una a su manera, a un continente que jamás ha conocido medias tintas. Cuando la izquierda asume el poder, los subsidios y los beneficios llegan directamente a los gobernados que menos tienen reventando los índices macroeconómicos. Pero cuando la derecha es elegida, reajusta y suben los impuestos, se eliminan los programas de asistencia social y se busca sanar la economía a expensas del bienestar de la población, los resultados son desastrosos.  

Esto ha dado origen a frecuentes actos de protestas populares que recientemente han afectado a Ecuador y Chile.  El caso de Piñera se suma a la larga lista de gobiernos de América Latina que, aunque se eligen democráticamente, ejercen el poder de forma autoritaria y terminan violando derechos humanos como una forma de controlar las protestas en su contra.

Chile era sinónimo de éxito político y económico, con niveles bajos de corrupción pública. Sin embargo, el economista serbio, Branko Milanović, señala que el 2% más pobre en Chile es tan pobre como el 2% más pobre en Mongolia, mientras el 2% más rico en Chile es tan rico como el 2% más rico en Alemania. Chile es uno de los países más desiguales del mundo donde sólo los sectores de mayores ingresos tienen la capacidad de acceder cómodamente a servicios privados de educación y salud, que son de mejor calidad que los que ofrece el estado. Y así Chile se transformó en un país desigual muy exitoso.

Ecuador está muy lejos de ser un modelo de democracia y desarrollo. Aun cuando ha enfrentado en los últimos años numerosos escándalos de corrupción, y un desempeño económico deficiente. Ecuador ha logrado reducir la pobreza y el desempleo, y alcanzar mejoras en el salario. Sin embargo, estos cambios no han sido constantes ni sostenibles.

En Colombia la influencia de Álvaro Uribe no tiene límite alguno y que obstaculiza el desempeño del gobierno de Iván Duque; lo mismo sucede con Evo Morales en Bolivia, donde se ha cometido fraude electoral para alcanzar la reelección.  En Argentina regresan una vez más al populismo que sólo ha provocado una crisis económica que parece no tener fin. En Brasil, Bolsonaro representa a una parte expresiva de las élites políticas brasileñas, formadas en el racismo, la misoginia y el servilismo a las naciones imperiales. En Perú, se siguen enfrentando por el desgobierno y la corrupción, con oposiciones desleales que utilizan el caos para satisfacer las ambiciones de poder del sector político.

Y de Venezuela, ni hablemos.

En América Latina, los pueblos se sienten abusados y aunque los partidos políticos tienen ideologías claras, desafortunadamente se han convertido en organizaciones que han provocado pobreza y desigualdad en sus respectivas democracias.

Dr. Arturo D. Argente Villarreal.

Director de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno.

Tec de Monterrey, Campus Toluca.

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