Martes, 10 de Diciembre de 2019, 11:03 AM
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TENTACIONES ABSOLUTISTAS.

DESPIERTA MÉXICO

Por Arturo Argente

Durante las últimas semanas hemos atestiguado dos narrativas sobre el tema económico del país. Una, que señala que el país está cada vez más cerca de caer en una grave crisis económica por las malas decisiones del presidente, lo cual se desprende de la carta de Carlos Urzua. Y la otra, impulsada por el presidente y sus voceros, asegurando que el cambio del titular de Hacienda no tiene trascendencia, y que el país va por muy buen camino.

Las razones que motivaron la carta de renuncia de Urzua son las diversas discrepancias en materia económica con el presidente, una política económica que no está basada en evidencia, la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública, y el “conflicto de interés” en el que incurrieron “personajes influyentes del actual gobierno” al impulsar a esos funcionarios.

El presidente ha manifestado que tiene “un compromiso por cambiar una política económica que se ha venido imponiendo desde hace 36 años”, pero que “a veces no se entiende que no podemos seguir con las mismas estrategias” de “corrupción y lujos” y que “no se puede poner vino nuevo en botellas viejas”. Es así como el presidente sigue dividiendo al pueblo con su discurso tradicional de “ellos, los fifís” contra “nosotros, los chairos”. Parece más un mensaje de resentimiento para quien resulta abandonado, ante los graves indicios de una tormenta económica perfecta.

Sin duda alguna, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es la dependencia del Poder Ejecutivo Federal que necesita a un secretario de mucho conocimiento, carácter, determinación y experiencia ya que tiene que proponer, dirigir y controlar la política económica del Gobierno Federal en materia financiera, fiscal, de gasto, de ingresos y deuda pública, en un entorno que avizora una recesión global y que, aun así, busca consolidar el crecimiento económico de calidad de nuestro país.

Parece ser que volvemos a la década de los 70´s y los 80´s cuando las tentaciones absolutistas del titular del ejecutivo condenaban a que la economía mexicana se manejara desde Palacio Nacional. Desafortunadamente somos un pueblo que no tiene memoria, por lo que estamos condenados a cometer los mismos errores.

La última vez que un secretario de Hacienda renunció por estar en desacuerdo con la política económica fue en 1986, cuando Jesús Silva Herzog dejó el gabinete de Miguel De la Madrid. Harto de tener que implementar decisiones de las que no estaba convencido, el secretario dejó el cargo en un breve memorándum en el que sólo decía que se iba “por motivos personales”. Pero un caso similar al actual sucedió cuando el secretario de Hacienda de Luis Echeverría, Hugo B. Margáin, sí dejó el cargo con una frase más memorable. Frustrado de no poder hacerle frente a la política populista de su jefe, Margáin renunció en 1973 diciendo: “La deuda externa y la deuda interna tienen un límite. Y ya llegamos al límite”. Fue entonces que Echeverría decidió nombrar a un secretario más manejable, José Lopez Portillo. Todos sabemos el desenlace de esta decisión.

El nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera deberá tener el valor y autoestima suficiente para no dejarse convencer por la Presidencia ante proyectos populistas que no tienen suficiente sustento. Los mercados no perdonan y desafortunadamente el pueblo sería nuevamente la victima de la soberbia de la clase gobernante. ¡Despierta México!

Dr. Arturo David Argente Villarreal.

Director de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno.

Tec de Monterrey, Campus Toluca.

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