Sabado, 16 de Febrero de 2019, 03:34 AM
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Tlahuelilpan. Una simple biopsia de lo que somos como sociedad.

     ¡DESPIERTA MÉXICO!

Por Arturo Argente

El resultado de esto es un horror. La primera gran tragedia que enfrenta el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la que ningún Presidente quiere tener en sus manos, y menos al inicio de su administración.

Este accidente refleja el aumento en el robo de combustible en el país. El problema tiene dimensiones que usted y yo todavía no entendemos. Pero lo que sí se puede percibir es que el daño que se le ha causado a nuestra nación es muy grave y ofensivo. Un daño que se refleja en una pobreza extrema, una pobreza que ofende y se respira en cada rincón del país.

El robo de combustible es un fenómeno que va más allá del castigo y del tema legal. Es un asunto social, como el narcotráfico y otros tantos delitos. Alrededor de estos crímenes se han venido desarrollando economías clandestinas que han sostenido poblaciones con carencias que padecen de lo básico para subsistir. Como la violencia misma: mucha gente recurre a ello porque es lo que hay. Somos un país desigual que se encuentra inmerso en una violenta espiral sin final, en el que su vacío no encuentra límite alguno y con una ausencia total de un estado de derecho eficiente y accesible para todos, porque la gente sabe que esos bidones llenos representan una parte importante (si no es que todo) del ingreso familiar de la semana. Y aún sabiendo que conlleva un alto riesgo, están dispuestos a enfrentarlo.  El desprecio a la ley, acabó en la excavación de tumbas.

La falta de empatía que encontramos en las redes sociales nos demuestra el síntoma de psicopatía que este pueblo ha venido desarrollando por el entorno violento en el que hemos estado atrapados durante los últimos 12 años, la sociedad está sicotizada. Las burlas, las denostaciones, nuestra polarización nos llevan nuevamente a encontrar al peor enemigo que hemos tenido en la historia de nuestro país; nosotros mismos.

Si hay alguna lección de la tragedia de Tlahuelilpan es que a veces el uso de la fuerza es necesario para proteger a las personas de sí mismas. El Presidente debe entender que tiene la obligación de ejercer el poder para proteger a su pueblo, para eso son las instituciones, no para ser ineficientes y con tintes populistas, por miedo a que se le etiquete de represor. El simple hecho de que las víctimas sean pobres no debería ser motivo para permitirles ponerse en peligro de esa manera, al contrario. Y es que no hay ninguna justicia, ni en dejarlos delinquir ni en dejarlos morir así.

Las personas que perdieron la vida en Hidalgo no eran crimínales, eran víctimas. Víctimas de la necesidad. Víctimas de la corrupción. Víctimas de la pobreza. Víctimas de nuestra realidad. Tlahuelilpan es una biopsia de lo que hemos conformado como sociedad. En esta tragedia no hay malos ni buenos; en esta tragedia hay simplemente muertos y heridos.

Dr. Arturo Argente Villarreal.

Director de la Escuela de ciencias Sociales y Gobierno

Tec de Monterrey

Campus Toluca.

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Twitter.     @arturoargente

 

 

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