Miercoles, 20 de Septiembre de 2017, 02:27 AM
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La Cultura del Agandalle 

En México hemos padecido por décadas la cultura del agandalle
Incluso por centurias, cuando Hernán Cortés se agandalló a Moctezuma con la ayuda de los Chichimecas que, como podríamos pensar, eran bien gandallas. 

En este país hay muchas especies de gandallas, esto es, de abusadores que, si bien violan la ley, sabedores de que en este país no se aplica la misma, o bien listillos que tuercen la ley para aprovecharse de los demás. 

Desde comerciantes que elevan arbitrariamente los precios de algún consumible básico, como la tortilla o el tomate, aprovechando que “el dólar anda alto y el petróleo bajo” , situación que nada tiene que ver con el producto, hasta policías locales que se han unido al crimen organizado, como en el trágico caso de Ayotzinapa. 

Todo es un gandallismo

Hay un tipo de gandallas que lleva décadas azotando la Ciudad de México y otras partes del país. Les llamamos “Los Guaruras” 

Nada que ver con un escolta o un guardaespaldas profesional que se dedican a defender a su protegido con un alto sentido del honor y la valentía, al grado tal que a veces sacrifican su vida por la de su jefe. 

Ellos son gente preparada, muchas veces adiestradas en el extranjero en artes marciales, Krav Maga o Jiu-Jitsu, expertos en armas, con conocimientos médicos y de otro tipo, que desarrollan una labor netamente preventiva, con celo y discreción. 

De ellos no hablamos. 

Hablamos de los Guaruras, que no son más que golpeadores prepotentes y violentos, que atropellan al ciudadano y a las leyes y reglamento del lugar donde operen, sintiéndose amparados por el dinero o poder de su jefe, en muchos de los casos, igual de prepotente. 

Recientemente un grupo de estos gandallas golpearon y robaron su celular a Arne Aus Den Ruthen, City Manager de la Miguel Hidalgo, furiosos porque les había obligado a cumplir la ley y bajar sus camionetas de la banqueta que está destinada a los peatones, no a los coches. 

Su jefe, de nombre Raul Libién, mejor conocido como el #LordMeLaPelas, sintiéndose protegido del poder y envalentonado por tener un medio de comunicación en el Estado de México, decidió agredir verbalmente al funcionario, y echarle a andar a sus guaruras, que desde luego, un persona educada no haría, ni un escolta profesional, que no está para “madrearse” a nadie, y mucho menos robarle algo. 
Un deshonor para cualquier profesional. 

Pero el caso es que quién sabe qué hubiese pasado si Arne no estuviese transmitiendo en vivo todo lo acontecido. 

Quizá lo hubieran lesionado de gravedad, o quizá no hubiese tenido el apoyo de todos, en el momento de encarar a estas peligrosas personas.

Pues fíjense que ahora resulta que la Comisión de Derechos Humanos del DF, encabezada por Perla Gómez Gallardo, ha pedido a la Delegación Miguel Hidalgo, que por vez primera comenzaba a meter en cintura a poderosos y prepotentes infractores, a que se abstenga de exhibirlos en redes sociales.

El problema de ello es que, si no se les exhibe, no hacen caso. No pelan. Incluso veo difícil que desarrollemos una cultura de la legalidad, si no los exhibimos. ¿Porque? Porque están tan acostumbrados al privilegio, que creen que, en realidad, están arriba de la ley. 

¿No es lo mismo que las cámaras instaladas a lo largo del territorio de la ciudad? Al fin y al cabo, de lo que se trata es arrojar luz a la obscuridad, que es en donde se mueven los maleantes. 

O a ustedes ¿Que les parece? 

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