Sabado, 26 de Mayo de 2018, 10:03 PM
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La demagogia electoral de satanizar al empresario

 ESGRIMA

por Fernando Oscar García

Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro.
Winston Churchill (1874-1965) Político y notable estadista británico.

Hay que empezar definiendo lo que es “Empresa”, una unidad productiva dedicada y organizada para la explotación de una actividad económica. Estas a su vez se clasifican por su tamaño, por los sectores económicos en que inciden, por el origen del capital, por el número de propietarios e incluso por su función social, por lo tanto podemos concluir que las empresas son de vital importancia para el desarrollo de un país en muchos ámbitos, es decir son una parte esencial de las bases económicas del estado.

Una empresa puede ser una gran industria metalúrgica, como también el puesto de periódicos de una esquina o calle, una empresa puede ser privada o pública, ambas prestan un servicio para la comunidad.

Las grandes empresas fueron colocadas en el blanco de las elecciones.

La política estadista resiente la presencia de los empresarios en los temas públicos, tiene la visión de que el inversionista privado es más un problema a contener, que un activo a aprovechar. Para Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la empresa privada es el espacio del enriquecimiento de unos cuantos a costa de muchos y es que precisamente es un político y líder social que nunca ha trabajado y menos generado un solo empleo.

El candidato promueve la falsa noción de que los empresarios son una casta pequeña y poderosa; la realidad es que en las actividades privadas son miles de personas, empresas pequeñas, medianas y grandes, que viven y padecen las dificultades, la incertidumbre y, en algunos casos, lo peor del flagelo de la delincuencia que azota al país.

Obtener utilidades no es inmoral, de hecho, es lo que hace funcionar a todo el sistema económico y al sector público a través del pago de impuestos y de crear oportunidades de empleo, ambas por mucho la mejor manera de distribuir riqueza.

Explicarle a una persona el papel de la inversión en la generación de empleos es como explicarle la importancia del agua para la navegación.

Todo empezó en la pasarela de los candidatos en el Consejo Consultivo de Citi Banamex, el viernes 27 de abril.

En esta reunión se le preguntó a Ricardo Anaya si estaba dispuesto a pactar con el gobierno y el PRI un bloque anti AMLO, quien se mostró abierto a sumar a quienes estén dispuestos a ir con su proyecto.

AMLO dio por hecho que había un grupo de empresarios que presionaba al gobierno para respaldar a Anaya en detrimento del candidato del PRI, por lo que utilizando la plaza pública de Zongolica, Veracruz, denuncióque un grupo de destacados empresarios actúa para unificar a los principales candidatos opositores en su contra.

Vino entonces el comunicado del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en el que se condena que un aspirante a la Presidencia descalifique a quienes no comparten sus ideas.

En otra pasarela, la de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT), AMLO dijo que los firmantes de ese desplegado, medio centenar de empresarios, son los responsables de la tragedia nacional y de que él no hubiera sido presidente en 2006. “No quieren dejar de robar y no quieren perder el privilegio de mandar”, sentenció.

Y al etiquetarlos como una “minoría rapaz” que ha confiscado instituciones porque “se sienten los dueños de México”, el abanderado de Morena acusó: “Son tan ingratos que, cuando les convenía, apoyaron a Peña y ahora son los que más lo han ninguneado. Son tan siniestros que lo convirtieron en el payaso de las cachetadas”.

No es fácil que los empresarios simpaticen con esas ideas; incluso uno de sus representantes con el sector privado, el empresario Alfonso Romo, ha tenido la incómoda y laboriosa tarea de matizar o reinterpretar las tesis del candidato en aras de construir la idea de que cuando AMLO llegue al poder no hará lo que promete tanto en la arenga pública, como en las entrevistas de banqueta.

El candidato ha intentado transmitir la idea de que hay una minoría de empresarios que maneja el poder y que se beneficia de la corrupción. Por ejemplo, en la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, da por hecho que los contratos asignados fueron objeto de corrupción, sin tener otro elemento que el prejuicio, y por lo tanto, afirma que él habrá de cancelar la obra.

El motor económico empresarial invierte 4.2 billones de pesos cada año, lo que implica 10 veces lo que invierte el gobierno y pagan 1.5 billones de impuestos sobre la renta y que generan 20 millones de empleos con prestaciones y en cuanto a las creencias manifiestan que creen en la libertad de expresión, de emprendimiento y de mercado.

Contrario a lo que actualmente se dice, la corrupción, el despotismo laboral y social, así como la ineficiencia, han ganado espacio en la empresa pública, y mucho más cuando opera como monopolio.

La idea de una conspiración de grandes empresarios no se sostiene; ellos actúan en política a través de medios legales y legítimos. Las expresiones de AMLO son una provocación y un exceso.

En todo caso, si hay irregularidad en la asignación de contratos debe aplicarse la ley y no insinuar perdón y olvido a discreción del presidente. Justo para evitar eso se instituyó la figura de la Fiscalía General de la República.

Los empresarios tienen legítimo derecho a participar políticamente y a ejercer su libertad de expresión a partir de lo que, desde su perspectiva, es lo mejor para México. Resulta fundamental señalar que 9 de 10 empleos formales los genera el sector privado.

La idea de regalar dinero con subsidios indiscriminados genera votos, pero las finanzas nacionales no lo resisten. Prometer inversiones, becas, beneficios indiscriminados, precios de garantía a productos, aumentar sueldos, quitar exámenes de selección y promoción a maestros, congelar los precios de energéticos y toda la serie de propuestas sin fundamento provoca que los electores se regocijen con un futuro imposible.

Usar a los empresarios como proyectil de un discurso que busca la polarización social, no son buenos augurios para los candidatos y no son buenos referentes para lo que pueda venir.

El tema económico de AMLO afecta la iniciativa empresarial y pone en riesgo la economía nacional, los empleos, los ingresos y el bienestar de los hogares.

Ningún país ha creado riqueza sin el trabajo conjunto de un gobierno que aliente inversiones y una clase empresarial responsable que arriesga y genera empleos. Ambos sectores deben crear valor (privado y social) y deben comprometerse al bien común. La historia, no la filiación política o filosófica, dice algo muy claro cuando la política convierte a los empresarios en enemigos: “ASÍ NO”.

“No se vale la discriminación, pedimos al candidato López Obrador tolerancia y que entremos a fondo en la discusión de las propuestas”.

Gustavo de Hoyos Walther, Líder de la Coparmex.

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