Viernes, 22 de Septiembre de 2017, 06:47 AM
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Brasil: Futuro incerto

“Pensar en el Brasil como sujeto era asumir la realidad del Brasil como efectivamente era. Era identificarse con el Brasil como Brasil.”

Paulo Freire.

No hay tiempo que no se cumpla, y el gigante sudamericano está viviendo uno de los sucesos más complejos de su historia, la política y sus actores están siendo puestos a prueba, la conclusión está en puerta, y las consecuencias son imprevisibles.

Las acciones que se están evaluando no son estrictamente las más recientes, es una acumulación de reacciones y opiniones sobre la ineficiencia de las políticas sobre diversos temas en Brasil, el cual pareciera que después del milagro de Lula Da Silva pasó a vivir momentos en verdad caóticos con la sucesora Rousseff.

Lula Da Silva fue mágico, logró una importante disminución en los índices de pobreza, pero si bien su trabajo fue interesante, el mismo estuvo acompañado por el auge que se dio en los países emergentes, es como decir que la situación era tan mala que los primeros resultados deberían forzosamente ser  sorprendentes, ello debido a que no había manera que las cosas fueran de peor forma siempre y cuando se aplicara un poco de trabajo de gobierno responsable, lo cual sí hizo el Presidente; lo anterior generó una admiración importante por Lula, y una expectativa muy alta con su “elegida” Dilma Rousseff.

Pero el trabajo más allá de lo básico ya no era tan sencillo de lograr, y el milagro brasileño comenzó a mostrar signos de agotamiento, lo cual fue acompañado con la falta de acciones efectivas para seguir logrando un cambio estructural en todo sentido, desde lo político hasta lo fiscal, el resultado fue el que ya conocemos, demasiados políticos y partidos interesados en conseguir un beneficio, y en consecuencia la necesaria actividad del cabildeo para lograr lo anhelado, pero a cambio de acciones fuera de la ética, lo que en otras palabras se puede llamar: corrupción.

Los reclamos fueron airados, los enredos económicos se complicaron, los acuerdos no llegaron, y los enemigos políticos vieron el momento propicio de hacer pagar las ofensas de tiempos pasados, así que Rousseff tuvo que pagar políticamente lo que no se pudo pagar con los acuerdos que se esperan en las democracias avanzadas.

Si Brasil “despide” a Rousseff, seguirá por un espacio de tiempo su interino Michel Temer, quien se dice no teme implementar los cambios necesarios para que el país mejore en lo posible, lo que confirmaría el evento como una modalidad de “golpe de estado”, logrando quizá con ello los cambios que no se pudieron realizar por medio de las buenas negociaciones, y sólo se obtendrán en el momento de la revuelta y sin temor a lo que sucederá después al gobernante que lo aplique, pues está claro que Temer no persigue continuar en el poder.

Si Rousseff vuelve, será su última oportunidad, llena de obstáculos como para que ella logre recuperar la confianza de su pueblo, no hay imposibles, pero de que esto será difícil quizá sea poco decir.

En breve conoceremos las decisiones, y de ellas dependerá en mucho el destino comercial de muchos países del Continente Americano, pero en lo que no hay duda, es en que la economía brasileña está en un momento lleno de incertidumbre.

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