Miercoles, 22 de Noviembre de 2017, 01:08 AM
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¿Se acabó la enfermedad?

“Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, que hay oportunidad para cambiar las cosas, entonces hay una opción de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Esta es tú alternativa.

Noam Chomsky.

El médico británico David Owen plantea la existencia del “Síndrome de Hubris”, un trastorno que presentan las personas que ejercen el poder, en el cual consideran que son capaces de realizar grandes proyectos, creen que son los que entienden perfectamente la realidad, y están convencidos que de ellos se esperan grandes cosas, por ello deben corresponder con grandes decisiones. Se va Cristina Fernández del poder en Argentina, y a partir del 10 de diciembre llega Mauricio Macri con toda su experiencia empresarial vinculada con una de las grandes pasiones del país del sur, el futbol, y con una de los clubes más representativos el Boca Juniors. Pero el verdadero enfermo es el hermoso país argentino… ¿Se curará pronto?

Lo que deja Cristina es inconformidad, frustración de quien en un momento dado creyó que las cosas estaban mejorando y seguirían así, una inflación que nadie entiende, recuerdos tristes como los de Arianna Piccioni, dónde la remembranza de cuando su madre le dijo que ese día no habría cena pues los cajeros de bancos no entregaban dinero, ahora le indica claramente que fue el inicio del denominado “corralito”, nombre que se dice otorgó a este acontecimiento económico el periodista Antonio Laje en el año 2001.

Los retos que debe enfrentar Mauricio Macri no son pocos, y por supuesto ninguno más importante que otro, pues al final de las cuentas, cada ciudadano argentino considera su problemática como la que más urgentemente debe atenderse, sin embargo se habla se algunos temas que deben resolverse en forma inmediata.

La inflación es uno de esos temas, en un análisis presentado hace unos días, se comenta que del año 2003 al 2015, algunos productos de consumo usual entre la población argentina han presentado aumentos hasta del 2,000 por ciento, eso mi estimado lector, es simplemente un atentado contra cualquier familia del mundo. Macri propone reducir la emisión monetaria, con lo que comenzaría a controlar los índices inflacionarios poco a poco.

El gasto público es otro tema, el país tiene más de 6 años en déficit de gasto público, los programas implantados por Cristina Fernández han beneficiado a muchos, pero el efecto real no es el esperado, pues aunque momentáneamente algunos resultan privilegiados, a la larga la medida no tiene efecto con solución profunda, sólo superficial, y no hay dinero ni programa que alcance para cubrir las necesidades de una sociedad que no tiene buenos fundamentos económicos. Macri en este sentido promete ser eficiente, pero es probable que para que esa eficiencia se logre, las acciones a realizar no correspondan a sus promesas de campaña; y quizá mucho menos al gusto de sus gobernados.

Los problemas económicos como la falta de crecimiento y hasta el decrecimiento es otro de los problemas que deben atenderse a la brevedad; aquí es dónde la habilidad empresarial de Macri debe hacer la diferencia, pues debe lograr un mejor mercado de dólares, poner en práctica un mercado cambiario eficiente y controlado, negociar con acreedores extranjeros tratando de recuperar credibilidad y con ello mejores condiciones internacionales a fin de reestablecer el crédito al país; y por supuesto debe convencer a los empresarios que Argentina es un buen lugar para hacer negocios. Macri ha comentado que arreglará lo  más pronto que le sea posible el asunto del dólar, y a la vez buscará obtener la credibilidad de los mercados sustentada en la toma de decisiones que se consideren correctas para la comunidad financiera internacional.

Esos son tres de los asuntos más importantes a resolver, y la esperanza en Mauricio Macri si bien se puede decir que no es mucha, simplemente se piensa por muchos argentinos que la situación no puede estar actualmente peor, por lo que la llegada del político aunque no se acepte así, es definitivamente esperanzadora, buscando que logre para los argentinos una economía sin dolor.

 

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