Lunes, 19 de Noviembre de 2018, 01:55 PM
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Campañas para idiotas, pero emocionantes

Por Fernando Oscar García

La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre qué tienen para comer en el almuerzo. La libertad es un cordero bien protegido impugnando el voto.

Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.

Las campañas políticas han cambiado de forma radical; sin embargo, tales cambios tienen precedentes en los momentos en que aparece un nuevo mecanismo de comunicación masivo, los partidos políticos, de forma especial, en tiempos electorales, hacen uso de ellos. Primero, fueron los periódicos los encargados de difundir los mensajes; luego, la radio; después, la televisión, y, ahora, el internet y las redes sociales. Sin embargo, lo notable de los cambios, es la profundización en el empleo de técnicas de comunicación política que tienen como objetivo central apelar a cuestiones subjetivas de los lectores, radioescuchas, televidentes e internautas; es decir, recurren a sus miedos, fobias, aspiraciones y sueños.

El argumento del embudo de la causalidad establece que el voto es el último eslabón, el acto político final, de una serie de factores o causas que le preceden, y que van de lo más amplio y general a lo más específico y particular de ahí la alegoría del “embudo”.

Un factor de largo plazo que se suma a las variables estructurales e ideológicas es la identificación partidista. Esta identificación va incluida en la transmisión de valores políticos de padres a hijos en el proceso de socialización política temprana.

Otra razón es la socialización o internalización posterior, en donde el individuo se enfrenta al acto de votar varias veces durante su vida política, lo cual puede llegar a fortalecer un sentido de lealtad hacia alguno de los partidos.

En contraste, los factores de corto plazo son generalmente opiniones o apreciaciones que inclinan a un votante a apoyar a una opción política “dadas las circunstancias”, es decir, bajo una coyuntura específica en un momento dado.

No obstante, los factores de corto plazo pueden llegar a pesar más entre los electores que no tienen una identidad partidaria o ideológica bien definida, así como entre los llamados independientes o moderados.

La opinión acerca del candidato es el último factor en el embudo de la causalidad, el último eslabón, el elemento que precede al voto. La imagen que el votante tiene o se hace de un candidato ya lleva reflejadas sus predisposiciones ideológicas y partidarias, sus prejuicios y sus juicios, sus evaluaciones y sus consideraciones, todas ellas resumidas en un razonamiento final: me gusta o no me gusta el candidato, lo veo capaz o no, es la persona más conveniente o no.

En relación a las campañas negativas, hay argumentos encontrados, como en casi todos los temas. Unos consideran que son necesarias, que forman parte de la competencia política y su prohibición es algo antinatural.

Más allá de la discusión de los efectos, nocivos o no, del uso de promocionales, algo es cierto: los candidatos no cuentan con otra manera de influir en los electores más que usando el recurso de la publicidad.

El discurso de las campañas ha pasado de la exaltación de las virtudes personales y del programa de gobierno a la denostación y ridiculización de los otros aspirantes, apoyándose en metáforas, alegorías y comparaciones.

En no pocas elecciones presidenciales la economía ha sido el tema que más interesa a los votantes, pero en esta ocasión es claro que la corrupción es lo que más quieren escuchar los electores en el lenguaje de los candidatos.

No importa si ahora la inflación es la más elevada de los últimos 15 años o si el crecimiento es más raquítico como en las últimas cuatro décadas, ya que el tema dominante será el de la corrupción y todo indica que los ciudadanos tomarán su decisión de acuerdo con la percepción que tengan de cada uno de los candidatos y su partido.

Las precampañas anticipan campañas para idiotas, para resentidos sociales, donde ideas y propuestas serán utopía, la lucha la determinarán canciones pegajosas, noticias falsas, audios editados y fotomontajes dispersados a través de entramados sociales prestos a la mentira, al insulto, a la polarización y repelentes al debate.

Jaime Rodríguez dice que las redes sociales son su fusil para conquistar el poder. Quien avisa no traiciona. AMLO denuncia sicarios de la mercadotecnia política, extranjeros que vienen a reeditar guerras de lodo; Anaya aplaude que aliados de ocasión dejen de lado la violencia en sus estados con tal de golpear a sus adversarios. Meade se anima y llama nini a AMLO y guía de turistas a Anaya. En la feria de las cachetadas apenas despierta.

Decidido compromiso con el cambio y claridad de ruta, parecieran ser los componentes del discurso político que al electorado mexicano le gustaría escuchar. Ahora bien, el dilema radica en la claridad y credibilidad con la cual cada aspirante pueda construir su oferta, a partir de su propio pasado político. Los candidatos son ellos y su circunstancia, luce complicado disociar lo que ha sido su andar, con respecto a sus actuales campañas. Siempre habrá una foto incómoda, un abrazo para el olvido, un ex colaborador indeseable, un contrato cuestionable, una política pública polémica, un posicionamiento desafortunado. Aquel aspirante que logre convencer que será capaz de reinventarse para impulsar una transformación de fondo, pero con objetivos claros, contará con mayores posibilidades de penetrar en el ánimo del electorado, más allá de su voto duro.

Hay discursos que cambian la historia:

El discurso del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio del 6 de marzo de 1994 reconoció la labor del PRI en la construcción de las instituciones del país, pero también admitió las graves prácticas de concentración de poder, de corrupción e impunidad.

“Aquí está el PRI que reconoce los logros, pero también el que sabe de las insuficiencias, el que sabe de los problemas pendientes”.

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla.

“De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

“¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad! Es la hora de la Nación”,

Requerimos un candidato que sin importar su filiación política se comprometa y tenga la capacidad de cumplirle al pueblo de México.

“Los políticos siempre hacen lo mismo: prometen construir un puente aunque no haya río”.

Nikita Jruschov (1894-1971) Desempeñó las funciones de primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, entre 1953 y 1964, y de presidente del Consejo de Ministros, entre 1958 y 1964.

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