Domingo, 19 de Agosto de 2018, 10:42 AM
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Política y adicción al Poder

¡Despierta, México!

Por Arturo Argente

Hemos atestiguado el inicio de una inmisericorde contienda en las precampañas en donde los actores llevan a cabo una lucha encarnizada a través de la vieja receta de intercambiar acusaciones para demostrar la falta de ética del contrario.

Cuando se habla de política se tratan intereses individuales y grupales dentro de la sociedad con el objeto de conquistar o mantener el poder.

Actualmente alcanzar el poder se ha transformado en la necesidad de un grupo de determinados políticos para tener relevancia en el escenario electoral. “Es como una adicción sin drogas”. El poder llama al poder y cuando se consigue algo, se desea más sin existir limite alguno.

Pero lo peor viene cuando las metas a largo plazo, que en algún momento fueron planteadas, ya no son alcanzables. Es entonces cuando llega la frustración y es difícil aceptar que ya no se tiene dominio alguno y que la realidad los ha rebasado. Este caso lo seguimos atestiguando a través del tiempo con diversos personajes que ahora están en el olvido y que en algún momento gozaron de las mieles del poder. Este modelo no falla, la historia nos lo ha demostrado, nada es eterno.

Las personas con adicción al poder, sacrifican su vida, familia y entorno para conseguir este codiciado estatus. Tener ambición es positivo, pero cuando está basada en el egoísmo, la deshonestidad y en el beneficio propio, se vuelve mortal.

Con motivo de esta campaña electoral, los políticos deberían tener la habilidad de ser inteligentes y comprender lo que es mejor para la sociedad mexicana y no para sus intereses personales.

Lo cierto es que el entorno donde se desarrollan estas precampañas no comprenden un sendero fácil por cruzar. Las redes sociales han limitado al electorado para que no analice la información real. Además, seguimos atestiguando escándalos de corrupción que dañan la figura del político en general. Por ejemplo, La Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó la destitución de dos presidentes municipales, Erwin Castelán, presidente municipal de Coacalco, Estado de México y Pablo Pérez de Tlacotepec, en Puebla, por no acatar las sentencias de amparo de la misma corte. Estos casos nos dan una clara muestra del tipo de liderazgo que no respetan la ley y que se sienten avalados para cometer actos de corrupción y que, desafortunadamente, reflejan a la mayoría de nuestra clase política.

Lo cierto es que hombres sin las aptitudes para ser mandatarios han destruido el sistema político mexicano. Al final, el juicio social y la historia siempre tendrán la última palabra.

Dr. Arturo D. Argente Villarreal

Director Asociado de División.

Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno.

Tec de Monterrey, Campus Toluca.

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