Jueves, 20 de Septiembre de 2018, 03:02 PM
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Turquía y la crisis

ESGRIMA

por Fernando Oscar García

“Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía desde el 28-08-14

Turquía, es un país euroasiático situado al sureste de Europa y al suroeste de Asia, es la orgullosa heredera de uno de los imperios más poderosos y extensos que ha visto la historia.

La antigua Anatolia, que comprende la mayor parte de lo que hoy es Turquía y la primera organización imperial en el hoy territorio turco fue la del Imperio selyúcida, expandiendo sus fronteras hasta formar lo que se conoce como Imperio Otomano, que dominó Asia, África y una parte de Europa durante siete siglos, en una superficie territorial de seis millones de kilómetros cuadrados.

Con su derrota en la Primera Guerra Mundial el Imperio Otomano se desintegró al haber participado como aliado de Alemania y del Imperio austro húngaro, vencidos por las fuerzas aliadas, integradas por Francia, Reino Unido, Rusia, Italia y Estados Unidos.

Con el Tratado de Lausana, firmado el 24 de julio de 1923, se establecieron las fronteras de la Turquía moderna y se dio paso a la creación de lo que actualmente se conoce como la “República de Turquía”, un estado vanguardista, laico, social y democrático, integrado por una Asamblea Nacional y encabezado por el presidente actual, Recep Tayyip Erdogan.

Turquía cuenta con una población de más de 80 millones de habitantes, con un 66% de Población Económicamente Activa, donde más de la mitad es menor de 28 años, y alcanzó en 2017 un Producto Interno Bruto (PIB) cercano a los 851 mil millones de dólares, unos 10 mil 597 dólares anuales per cápita y un aumento del 7.4 por ciento con respecto al año anterior. Ankara es la capital de Turquía y la segunda ciudad más poblada del país, después de Estambul, conocida históricamente como Bizancio y después como Constantinopla.

La economía de Turquía es una de las más prósperas de entre los llamados Mercados Emergentes del mundo; se encuentra entre los principales productores agrícolas, ya que, actualmente produce al año 16 millones de toneladas de fruta y 26 millones de toneladas de verdura. Lo que la sitúa como el primer productor de Europa y el cuarto en el mundo.

Bajo un régimen de supervisión de la ONU, Turquía forma parte del grupo de países reconocidos como cultivadores y productores lícitos de opio para uso médico y científico. Turquía es el proveedor de 80 por ciento de las importaciones de heroína de Estados Unidos.

Cuenta con una industria textil que en 2014 alcanzó los 24 mil millones de dólares, como valor de mercado, situándose como la séptima en la producción mundial de algodón y noveno en la exportación de prendas en general. Su industria automotriz, que produce automóviles comerciales es la más grande de Europa. Posee una industria naval que cuenta con 145 astilleros (construcción y reparación de buques) y que en 2012, el mejor año de su producción en las últimas dos décadas, construyó 225 mil unidades de barcos faro, barcos bomba, dragas, diques flotantes y plataformas de exploración y perforación petrolera, entre otros.

Su proceso de integración plena a Occidente inició en 1945, cuando el gobierno turco se adhiere a la ONU y posteriormente a la OCDE y al G20, hasta llegar a formar parte de la OTAN, el sistema de defensa militar más grande del planeta y que hoy agrupa a 29 naciones, con un gasto en armamento que representa el 76% del gasto militar mundial.

Como miembro de la OTAN, Turquía mantiene en su territorio 10 instalaciones o bases militares de la Organización, además de ser sede de su Cuartel General del Mando Terrestre. Es decir, en términos de geopolítica, el territorio turco es y ha sido un enclave estratégico muy valioso y un aliado natural de Occidente.

Sin embargo, en los últimos tiempos, el gobierno turco encabezado por el presidente Erdogan, ha dado un viraje y ha mantenido permanentes acercamientos con el gobierno ruso de Vladimir Putin, que no han sido bien recibidos por el gobierno estadounidense.

En diciembre del año pasado, el gobierno de Erdogan adquirió el sistema ruso de defensa antimisiles S-400 Triunf, en lo que se interpretó como un claro desafío a la propia OTAN y a sus aliados de Occidente.

El S-400 tiene una característica única: el sistema puede rastrear simultáneamente más de 60 objetivos. Aunque un enjambre de misiles, drones y aviones enemigos se dirijan hacia Rusia, los ojos del S-400 lo verán todo y determinará automáticamente qué misil es el más apropiado para el objetivo.

Esta confrontación de índole política entre los gobiernos de Washington y Ankara ha derivado en una incipiente guerra comercial entre los dos países y de la cual no se ve todavía la dimensión que pudiera alcanzar.

Por lo pronto, el gobierno de Trump ha incrementado los aranceles al acero y al aluminio turco en tanto que el gobierno de Ankara ha duplicado los aranceles al arroz, tabaco, alcohol, carbón y automóviles provenientes de Estados Unidos.

La primera consecuencia de esta guerra es la desestabilización de la lira turca, que en lo que va del año ha perdido más del 40% de su valor frente al dólar, y ha provocado que el Banco Central de Turquía incremente las tasas de interés hasta en un 10% para intentar frenar su caída.

El conflicto entre Turquía y Estados Unidos no es, simplemente, de carácter económico-financiero. Más bien, es consecuencia de un diferendo político. El presidente turco le exigió a la Unión Americana la repatriación de Fethullah Gülen, uno de los líderes de la rebelión contra su gobierno. Gülen es un teólogo moderado promotor del entendimiento entre las tres grandes religiones monoteístas. En un principio apoyó a Erdogan; pero luego lo denunció por corrupción y dirigió la rebelión contra el autócrata. Desde entonces, Erdogan lo persigue al grado que Gülen tuvo que autoexiliarse en Estados Unidos y desde entonces reside en Saylorsburg, Pensilvania.

Washington en contrapartida, solicitó la liberación del pastor evangélico norteamericano Andrew Brunson, encarcelado en octubre de 2016 durante la ola de detenciones realizadas por el gobierno turco tras el fracasado intento de golpe de Estado de julio de ese año. Se le acusó de formar parte de un grupo terrorista y luego de espionaje e intento de derrocar al gobierno.

Trump aseguró en twitter que Brunson es “un gran cristiano, hombre de familia y maravilloso ser humano”, quién “está sufriendo mucho”. Sus advertencias llegaron un día después de que el pastor saliera de prisión, tras año y medio en la cárcel, para cumplir arresto domiciliario.

Podría darse la negociación e intercambio entre Güllen y Brunson, pero, como medida de presión, Trump está usando, precisamente, el alza de los aranceles a los productos turcos.

Simplemente hay que ver el mapa: Turquía comparte frontera con Irán, Siria, Iraq, Bulgaria, Armenia, Azerbaiyán, Georgia y por mar con Rusia a través del mar Negro. Quiérase o no, Turquía es el muro de contención contra los afanes expansionistas de Vladimir Putin.

Los problemas financieros en Turquía llevan años, pero el colapso actual tiene su origen en dos medidas recientes de Estados Unidos. En primer lugar, la implementación de fuertes tarifas por parte de Washington a las importaciones de acero y aluminio de varios países del mundo, y que afectaron a Ankara.

Y en segundo lugar, el anuncio a comienzos de agosto de la imposición de sanciones económicas sobre Turquía por su negativa a liberar al pastor estadounidense Andrew Brunson, a quien Ankara acusa de apoyar a fuerzas opositoras al gobierno de Erdogan.

Sin embargo, las decisiones en materia fiscal que contempla recortes al gasto gubernamental para mejorar el superávit primario, recién anunciadas por el ministro de Finanzas de Turquía, Berat Albayrak, en una teleconferencia organizada para más de 4 mil inversores internacionales, ponen al gobierno de Turquía en un escenario de control de daños a su moneda y a su economía, por lo que hoy se ve poco favorable que surja una ¿crisis financiera?

“Los tiranos se rodean de hombre malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”

Aristóteles, filósofo y polímata griego del Siglo IV a.C. (384 a.C.-322 a.C.)

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