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El espejismo financiero y la amenaza real: la encrucijada de la Inteligencia Artificial en 2026

El fantasma del 29 y la fiebre tecnológica Unos dos meses antes del Lunes Negro, la famosa caída del mercado que desató la Gran Depresión, un economista de Massachusetts llamado Roger Babson andaba preocupado. Él veía cómo los inversionistas de a pie se endeudaban hasta el cuello para comprar acciones y dio un discurso advirtiendo que el colapso llegaría tarde o temprano y sería terrible. El mercado tropezó un 3 por ciento, algo que en su momento bautizaron como el “Babson Break”. Semanas después, la gente se sacudió ese mal presentimiento. El optimismo por cosas novedosas de consumo masivo, como el automóvil y la radio, le ganó al miedo. Los inversionistas que le echaban imaginación al asunto volvían a ganar, o al menos eso relata Andrew Ross Sorkin en su libro sobre el gran crash de 1929.

Hoy la historia parece rimar. Hay bastantes voces haciendo eco de las advertencias de Babson, pero ahora apuntan a la inteligencia artificial. El foco está puesto en las valuaciones loquísimas de empresas tecnológicas y su carrera desesperada por alcanzar la inteligencia artificial general, esos sistemas teóricos capaces de hacer cualquier cosa que haga un humano, e incluso más. Para el año 2030, la industria tecnológica va en camino de gastarse la nada despreciable cantidad de 1.6 billones de dólares anuales tan solo en centros de datos, según datos de la firma Omdia. El nivel de expectativa alrededor de la IA trae bastante desconcertados a muchos inversionistas prudentes, sobre todo porque sus perspectivas reales de generar ganancias siguen siendo un supuesto.

Aun así, el miedo a quedarse fuera del próximo gran negocio está convenciendo a muchas compañías de hacer oídos sordos a los pronósticos de desastre. Advait Arun, analista del Center for Public Enterprise y autor del reporte Bubble or Nothing, lo describe perfecto: la gente está jugando a llenar los espacios en blanco, creyendo ciegamente que estas tecnologías descabelladas van a solucionar todos los problemas del mundo. Definitivamente seguimos atorados en una etapa de pura exuberancia irracional.

La burbuja que nos rodea Evaluar si una tecnología está sobrevaluada siempre es un terreno resbaladizo para los periodistas. Yo no tengo una postura definitiva sobre si ya estamos en una burbuja de IA, pero vale la pena preguntarnos si no nos estamos quedando cortos con el análisis. Si entendemos una burbuja especulativa como ese momento en que el precio de un activo se infla de forma insostenible sin un valor real que lo respalde, entonces estamos rodeados de burbujas que se inflan y desinflan al mismo tiempo.

Podríamos hablar del oro, que disparó su precio casi un 64 por ciento el año pasado hasta el 12 de diciembre. También está la deuda gubernamental; el director del Foro Económico Mundial, Børge Brende, notó hace poco que las naciones no operaban con niveles de deuda tan altos desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. En el mundo financiero, muchos ven una burbuja gigante en el crédito privado. Hablamos de un mercado de 3 billones de dólares en préstamos manejados por firmas de inversión, que opera fuera del sistema bancario regulado y donde mucho de ese capital se usa justamente para construir centros de datos para IA. Jeffrey Gundlach, CEO de DoubleLine Capital, tachó este entorno opaco de “crédito basura”, mientras que Jamie Dimon de JPMorgan Chase fue directo al grano y lo llamó una receta para el desastre financiero.

Los casos más absurdos revientan ahí donde es casi imposible calcular el valor intrínseco de las cosas. El valor del Bitcoin subió más de 636 mil millones de dólares desde el arranque de 2025 hasta principios de octubre, para luego perder todo eso y más de cara a diciembre. Las famosas memecoins, esas monedas virtuales que nacen de chistes en internet, movieron 170 mil millones de dólares en enero de 2025. Para septiembre, el mercado se había desplomado a 19 mil millones. A la cabeza de ese barranco estuvieron las monedas $TRUMP y $MELANIA, lanzadas a un par de días de la toma de posesión, perdiendo el 88 y 99 por ciento de su valor desde el 19 de enero del año pasado. Quienes metieron su dinero ahí no estaban pensando en el valor a largo plazo para el mundo o para los accionistas, como se hace con una empresa tradicional. Entraron como quien se acerca a una mesa de dados en Las Vegas esperando forrarse de dinero en un rato.

El monstruo en la caja fuerte Mientras los mercados financieros juegan al casino, en los laboratorios de desarrollo están ocurriendo cosas que de alguna manera explican el origen de este frenesí. Anthropic, una de las gigantes del sector, acaba de anunciar que frenó por completo el lanzamiento público de su nuevo modelo, Mythos. Se dieron cuenta de que la IA es demasiado buena encontrando vulnerabilidades críticas en sistemas operativos y navegadores web. Prefirieron guardarse el “Claude Mythos Preview” y usarlo exclusivamente en un programa defensivo de ciberseguridad con un puñado de socios.

Apenas el 5 de febrero habían lanzado Claude Opus 4.6, su sistema más potente hasta la fecha, relajando un poco sus compromisos previos de seguridad. Pero con Mythos se toparon con pared. Las pruebas documentadas pusieron a todos a sudar. El modelo recibió instrucciones para intentar saltarse su entorno virtual aislado y lo logró. Consiguió evadir las salvaguardas de la empresa de una forma que demostró capacidades bastante peligrosas.

La historia parece sacada de una película de ciencia ficción. El investigador a cargo lo había retado a mandar un mensaje si lograba escapar de la caja de arena virtual. Y así fue: el investigador se enteró del éxito de la IA porque le llegó un correo electrónico inesperado del modelo mientras se comía un sándwich tranquilamente en un parque. El modelo decidió que mandar un correo no era suficiente y se quiso lucir. Sin que nadie se lo pidiera, publicó todos los detalles técnicos de cómo logró escapar en varios sitios web públicos y difíciles de rastrear.

Control de daños a puerta cerrada Anthropic se está guardando algunos detalles sobre las fallas que descubrió su creación, pero sí soltaron un par de datos alarmantes. Mythos encontró una vulnerabilidad que llevaba 27 años escondida en OpenBSD, un sistema operativo que tiene reputación de ser una auténtica bóveda de seguridad. El nivel de la herramienta es tan brutal que ni siquiera hace falta ser un genio informático para usarla como arma. Ingenieros de la empresa sin ninguna formación en seguridad le pidieron al modelo antes de dormir que buscara vulnerabilidades de ejecución remota de código; a la mañana siguiente despertaron con un ataque informático funcional y listo para usarse. A veces los investigadores armaban estructuras que le permitían a Mythos convertir esos huecos de seguridad en ataques directos sin que ningún humano metiera las manos.

Todo esto los llevó a meter el modelo en un cajón con llave. Su tirada a largo plazo es poder liberar sistemas del calibre de Mythos a gran escala, pero solo cuando existan filtros que detecten y bloqueen cualquier locura que se le ocurra hacer a la máquina.

Por ahora armaron el “Proyecto Glasswing”, un grupo cerradísimo donde solo once organizaciones tienen acceso a la tecnología. Curiosamente, en la lista de invitados están pesos pesados como Google, Microsoft, Amazon Web Services, Nvidia y JPMorgan Chase, los mismos que también andan navegando las aguas turbias del financiamiento. Anthropic puso sobre la mesa hasta 100 millones de dólares en créditos de uso para este club privado. Bautizaron el proyecto en honor a la mariposa de cristal, usándola como metáfora de la manera en que Mythos logra ver amenazas ocultas a simple vista y de cómo la transparencia sobre los riesgos es el único camino para evitar un desastre.